Para mi amiga Pulsi, que no se olvida de mí
A las nueve de la noche suena el teléfono,
veo el cielo y contesto (en el estadio Jalisco
la iluminación terrosa de los relámpagos
acompaña al portero de las Chivas,
que ataja el penalti); gracias a la media luna
de un Nokia destartalado escucho la voz
de Pulsi Davis, mi amiga de hace (ya)
trece largos años.
Ella no se olvida de mí, exhala suavemente
los kilómetros que por el mundo ha recorrido:
ya no es el fuego que la salva y condena de la Argentina,
ahora es Nueva York, tan lógico, real y vanguardista.
–Te traje un regalo– me dice;
y como sucede con todas las cosas
que me hacen feliz, de un tirón
me libero de tristezas y agobios.
Por mi temperamento, más de una vez,
ella lo sabe, mi corazón se ha estampado
de frente contra el parabrisas de huesos
(mi enorme caja toráxica no es la de un poeta,
sino la de un tacle defensivo).
Pulsi siempre me dice que la vida
es el barro con el cual se hacen
las piñatas. Que busque un palo,
que ella me canta “dale y dale”.
Pulsi –que la última vez que nos vimos
me invitó a un restaurante griego–
me dio su palabra de estar en la presentación
de mi libro.
Antes veremos una película,
marcaremos nuestras huellas
dactilares en un ciruelo
y nos tomaremos una foto,
de esas con números en el pecho
y lanzando retos –como si ambos
fuéramos hijos de El Santo–
a los policías americanos.
–¡Ah, par de güeritos, éstos! –
diría su mamá desde Playa del Carmen.
veo el cielo y contesto (en el estadio Jalisco
la iluminación terrosa de los relámpagos
acompaña al portero de las Chivas,
que ataja el penalti); gracias a la media luna
de un Nokia destartalado escucho la voz
de Pulsi Davis, mi amiga de hace (ya)
trece largos años.
Ella no se olvida de mí, exhala suavemente
los kilómetros que por el mundo ha recorrido:
ya no es el fuego que la salva y condena de la Argentina,
ahora es Nueva York, tan lógico, real y vanguardista.
–Te traje un regalo– me dice;
y como sucede con todas las cosas
que me hacen feliz, de un tirón
me libero de tristezas y agobios.
Por mi temperamento, más de una vez,
ella lo sabe, mi corazón se ha estampado
de frente contra el parabrisas de huesos
(mi enorme caja toráxica no es la de un poeta,
sino la de un tacle defensivo).
Pulsi siempre me dice que la vida
es el barro con el cual se hacen
las piñatas. Que busque un palo,
que ella me canta “dale y dale”.
Pulsi –que la última vez que nos vimos
me invitó a un restaurante griego–
me dio su palabra de estar en la presentación
de mi libro.
Antes veremos una película,
marcaremos nuestras huellas
dactilares en un ciruelo
y nos tomaremos una foto,
de esas con números en el pecho
y lanzando retos –como si ambos
fuéramos hijos de El Santo–
a los policías americanos.
–¡Ah, par de güeritos, éstos! –
diría su mamá desde Playa del Carmen.
8 comentarios:
Difícil decidir qué me gusta más, si cuando escribes como adulto, fuerte, duro, sin concesiones o cuando te atrapa el espíritu de Chincho y escribes cosas tan lindas como estas. No sé, no me decido, pero igual te mando besitos
........si los de la CFE leyeran tus poemas de seguro jamás te cortarían la luz...............
.............besos
Uh, qué internacional eres, Chincho
Besos
Karen:
Me encantaría que en ambas facetas, me sigas leyendo. Gracias por escribir, hasta me siento buena persona, ja
Besos
Nicole:
Esos tíos no tienen remedio. Mejor que no lean el blog, no sea que también me lo quieran "apagar".
Lo mejor es vernos por aquí, como en el rancho, a pura velita
Besos
Alejandra:
Oh, yea ¿Do you speak inglish?
Besos (Kisses no, esos van a Tijuana-Coapilla)
Luis Daniel:
Eso de que la vida es el barro con el que hacen las piñates me gustó mucho, y como siempre, disfruto tu poema como una niña feliz en una fiesta
Besos
¿Y QUE TE REGALARON?
¡¡Corazoncito!!
Niño, en ese tórax uno aterriza rebien en tus brazos,ja
Besos
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