jueves, 4 de septiembre de 2008

MARINA



Hay una constante en mi vida: se me acusa de ser demasiado infantil. Confieso que esto nada tiene que ver con el alza del precio a la leche, aunque conviene añadir mi afición al cereal y los fruti lupis.


Supongo que Marina, acostumbrada a párrafos extensos, se desesperaba con mis dislates verbales carentes de abundancias literarias. Siempre quise escribirle un poema bien bonito y sólo, a lo mucho, le dije: te quiero.


Algo tengo de comilón y por eso la mordía ante la escasez de terrenos comestibles en el refrigerador. –Ay, ay, ay, ay, ay- brincaban las letras en los labios de Marina.


-¡Si me vuelves a morder no habrá lunes de futbol americano!- gritaba. Pero yo practicaba el arte de la resurrección en sus ojos, ahí donde teorías y analogías son lo mismo.


-Te trato como un niño ¡eres un niño! A lo que escrupuloso como –por supuesto- un niño lo es previo a la travesura, le decía: tengo frío, abrázame. Y Marina me abrazaba sin importarle que nunca le escribiera un poema que valiera la pena.


Cuando ella se fue para detonar movimientos civiles en pro de un mundo de adultos, me dejó el Imperio del Suéter en el armario porque –me dijo- sé que algunas veces tendrás frío y ya no estaré contigo. También me dejó una foto y una ciudad a favor del viento. Cuando quiero darle un beso escribo poemas que en realidad son veleros.


Algún día crecerá y seré un gigante. Te lo prometo.

3 comentarios:

karenina_ dijo...

hey hey este me gusto mucho.... saluditos!

cati covarrubias dijo...

Adelante, cariño. Besos.

ana claudia dijo...

Estimado Luis Daniel, te felicito. Te leído durante diez años, tanto en tu línea dura como en esta,tierna y trasparente. En ambas, te admiro.

Un abrazo

Ana