lunes, 6 de junio de 2016

BALADA PARA EL GATO MUERTO



A ella se le murió su gato,
un gato chabacano, perezoso,
sin virajes drásticos: una bola de pelos

Y ella lloró y lloró mucho:
que si una caja de zapatos
para el cuerpo,
un hoyo bien hondo en el patio
y cal para su Daimon:
la lucecita que oscurece

Y quise decirle unas palabras:
lo siento, parece que va a llover,
le puse una carga de cien pesos
a tu teléfono; ya saben, frases sueltas
a manera de suavizar la pérdida

No iba a escribir un ensayo
sobre “gatos-existencia-muerte repentina”;
no iba a evocar Tarebintos de Provenza,
un poema de Machado,
una cita rimbombante sobre paraísos
posibles para un gato –el único quizá–
que no tuvo siete vidas

Bastó un camión cargado de muebles
para partirle la cabeza

Luis Daniel Pulido


jueves, 5 de mayo de 2016

UNA SENCILLA CANCIÓN DE AMOR



Con mi mamá –siendo yo un niño– pasábamos por alto
los buenos hábitos en la mesa;
no importaba, por ejemplo, la transición entre bocado,
agua, respirar, ir por otra pieza, morderla;
íbamos directo a la suspicacia: ¿Le faltó sal? ¿La cocción bajó a 5.5?
¿La ensalada carece de investidura para el príncipe de Gales?

Con mi mamá –siendo yo un niño– mirábamos películas
de primera mano: El Santo, Blue Demon, Sean Connery,
El Charro Negro; y con V de Vendetta y con V de vaca
y con V de viruela

Con mi mamá –siendo yo un niño– conocimos, íntegra,
una familia de espíritus,
clasificamos insectos, aves, plantas y tuvimos un patito
que alimentamos, que dejamos durmiera en la cama
y que engordó y que matamos y fue la rica cena de Navidad

Con mi mamá –siendo yo un niño– incendiamos barcos
y vimos futbol mexicano, de Europa, de todos lados;
me enseñó a fumar, a beber fuerte, a devolver los golpes,
a pararme en la portería como los porteros grandes

Mi mamá y yo siempre estuvimos solos,
sin más hijos –aunque los tuvo–,
sin más hermanos –aunque los tengo–,
hasta el último día que llegaron por tus cosas,
que limpiaron tu cama porque ya no estabas

Caen aviones uno tras otro


Luis Daniel Pulido

miércoles, 4 de mayo de 2016

EL EXPEDIENTE DOOM

Foto: Héctor Paris


Esta no es la ciudad de la furia,
es la puerta del refrigerador abierta,
un joven espigado que la ofrece por treinta monedas,
una silla de montar caballos,
un auto a muy corta distancia de los ojos

Esta no es la ciudad de la furia,
es el número de metros recorridos por un hombre que se prende fuego,
el badajo de carne que cuelga de lo más alto como bandera,
las aves de rapiña de paz y justicia,
el corte de caja de mil programas sociales,
el zapato contra el suelo para mil ratones que se dispersan,
el Ave Cesar de algún lugar de la selva


Luis Daniel Pulido

Tuxtla Gutiérrez, Chiapas; México

lunes, 2 de mayo de 2016

CONOCERSE BAJO LA GUERRA GRACIAS A LA MÁQUINA DEL TIEMPO


No fue el destino con su necedad de hacernos enemigos,
que coloca –bufón– las piezas en tableros de arena,
puertas giratorias, escaleras eléctricas

No fue la llegada del móvil de primera clase,
el enorme dragón de fuego que rodea las ciudades,
el calor que aprieta con todas sus fuerzas

No fue el viejo centro de Tuxtla,
las especies endémicas de la zona,
el goce, y el de otras veinte parejas,
bajo el árbol frondoso del jardín botánico,
una noche de tacos en La Forteza

No fueron los cuadros de honor en la escuela,
la naturaleza totalitaria de los dieces,
la academia platónica que ostentaron
los adolescentes de la clase media, 
el rock británico de la época

Eres tú, menor quince años que yo,
con las vitaminas y los minerales
y aislada (con audífonos) escuchando 
canciones de una radio independiente;
soy yo demoliendo hoteles, abriendo pista,
agregando capítulos a otro Sábado por la noche,
libaneses que me enseñaron el arte de la guerra

Eres tú desobligada de las cifras 
y los largos caminos de regreso a casa,
de las canciones que llegaron para quedarse,
de las precisiones y las instrucciones a seguir,
el lucro y el descrédito de las administraciones culturales

Fueron cosas más sencillas: los mundiales de futbol, 
la toalla en el rostro, la mitad de hamburguesa que me corresponde,
los días lluviosos y tristes que toco a tu puerta

Luis Daniel Pulido

HE OLVIDADO LOS CAMINOS DE REGRESO A CASA*



Soy un hombre que le apuesta a las cosas sencillas:
honor en la victoria,
provisiones para náufrago en la derrota;
de mil pericias para no derramar café en la cama,
sin padres, hermanos, hijos, militantes

El arraigo –eso de pedir mano a los espectadores–
se les da a los nacidos bajo el aprecio de los vecinos,
las santidades, los conscriptos;
en homenajes, diccionarios propios, números especiales
y un buen número de iniciados

Soy un hombre que le apuesta a las cosas sencillas:
la merienda con galletas,
aciertos –no muchos– en los deportes,
canastas de tres puntos en intervalos
de cinco segundos al bote de la basura,
la erudición –con errores– en algunos ejemplos

Nada contra los comisionados de buen corazón
que reconstruyen esta tierra,
el círculo de amigos exitosos y sentimentales,
de rachas de goleadores, el rescate de luminarias

Total: el traje del muerto les queda a todos

Luis Daniel Pulido

*Del libro BAXTER MEMORIES (VIDA Y OBRA DE VÍCTOR VON DOOM)



viernes, 22 de abril de 2016

EXES



Me llegó un mensaje: Tu ex mujer se casó en Monterrey. Se llama Gabriel.

Primera: No sé por qué diablos se me notifica.

Segunda: Lo acepto. Sentí feo.

El asunto –guerra sin fin  por cuestiones de género, marchas, regaños de todas como si fueran mi madre– me rebasa. Se me acabaron los bares donde con mis amigos tomábamos cervezas anti tristeza, whisky anti tristeza, cocaína anti tristeza, cacahuates japoneses (estos sí no sé por qué) y el asalariado cultural al que le cargábamos la mano con nuestros chistes de Les Luthiers. No nos íbamos a poner mamones con Chesterton, verdad.

Pero hoy, con la noticia, las discusiones sobre género, el escenario es desolador: que si Kant, Freud, el falo eurocéntrico, la dinámica social entre hombres y mujeres y yo solo contra todas las teorías como motociclista del siglo veinte.

Lo sano –si hay algo sano– es que mis fracasos amorosos son sólo historias de separaciones tristes: sin violencia, demandas, insultos de ambas partes. Hace unos días Lidia me dijo algo con lo cual entiendo que todas mis exigencias se asemejan a berrinches y pataleos. Me peleas como niño –me dijo, y me retó a un duelo de esgrima.

Lidia: no tengo el ímpetu de un poeta que gana premios, de un arquitecto que viaja por el mundo  en primera clase, de un empresario con mil contratos con el gobierno del estado, de ver el mundo desde lo alto.

Hoy, solo y escribiendo esto, me río de todo. Mi ex mujer se casó en Monterrey con Gabriel y yo al recibir la noticia marcaba a las paletas La Michoacana para saber –me dijeran– si había llegado mi sabor favorito. Y no, no había llegado. Putos. Apagaré mi celular por tres días.


Luis Daniel Pulido

martes, 19 de abril de 2016

WALKIE TALKIE



Algo nos une: libros que leímos,
artículos sueltos sobre el psicoanálisis,
el pollo receta de la abuela,
la casta de los Súper Campeones,
los tianguis de Xochimilco a los que echaste mano;
el rock, el mar, los camarones,
Li-Po y otros poemas

Algo nos une: los números especiales de Marvel,
los compromisos para la paz digna
en la Centroamérica de los años 80,
tus coreografías de Madonna,
los síntomas del dengue hemorrágico,
las plazas donde gritamos

Algo nos une y supongo que no es amor,
unción alienígena, la Carabina de Ambrosio;
quizá Cortázar quizá Villoro quizá Huerta
quizá Borges el viejo estadio de Wembley;
la unidad por la esperanza, el goya universidad,
tu disco de las Ultrasónicas

Algo nos une: mi notable dominio bajo presión
de la pelota, tus observaciones sobre Sor Juana,
el sexo tántrico del que fuimos parte,
el combo de palomitas naturales,
el airoso título de “amigos con derechos”,
la espada del Rey Arturo,
el sistema solar cien años después de Copérnico,
nuestras identidades secretas

Santo llamando a Spider Woman,
Santo llamando a Spider Woman
y tú que no respondes


Luis Daniel Pulido