miércoles, 17 de marzo de 2021

JAMÁS IZAREMOS BANDERAS


 

No sólo es el hombre que busca empleo,

es el riesgo a perderlo todo,

a quedarnos en el camino

o repetir puntos de salida;

la arrogancia de no tener un país natal

y liberarse de cantar himnos insoportables

porque la vida también de eso se trata:

de conceder extrañas excepciones a la regla

sin el rigor socialista de la corrupción y la decadencia;

sin ejemplos ilustrativos de lo que llaman

futuras generaciones:

sin banderas que alivien su carga enviando

niños a buscar el cíclope de las limosnas,

sin tomar distancias y volvernos trasparentes

a la velocidad del sonido:

como un avión que estalla en el cielo

y se difumina en nuestras manos sin sobrevivientes

 

Luis Daniel Pulido


lunes, 8 de marzo de 2021

EN MEMORIA DEL TEC


 

Para mi amiga Mónica Corzo Aguirre

 

¿Has leído la nota? El Tec no es más

el jaguar de las matemáticas,

los viernes de tomar el asfalto,

la de la Centroamérica convulsa,

el cosmos indescifrable

 

Leo que lejos quedaron las glorias

de los años 70 y 80,

los tulipanes que nos cerraban el paso,

el camión destartalado y sus fractales:

el color naranja de la tarde

 

Se acabó el Tec –dicen– y con ello

los sujetos de las reincidencias:

contra el PRI, la policía, el ejército,

el imperio yanqui,

el susurro capitalista en los espejos,

el castillo rosa de los alrededores

(y el coro de sirvientes: la guerra)

 

Al Tec –también– lo alcanzaron

los 11 126 metros de calles,

los intestinos de la ciudad y sus quehaceres:

la pereza, la postración y el protagonismo,

la oscuridad sudorosa y congestionada

de quienes no recurren a las islas

cuando el pan se niega

 

Nos vamos con nuestro rock a otra parte

 

Luis Daniel Pulido


martes, 2 de febrero de 2021

CASA DE CITAS, EL PLACER DE LA LECTURA Y MI AGRADECIMIENTO CON EL AUTOR


 

Héctor es un lector que no pregona el discurso exaltado y congestionado del sabihondo, renuncia a esa camisa de fuerza y propone libertades lectoras, que al igual que él cedamos al viaje propuesto por los libros y los móviles inesperados: las citas literarias, las canciones inolvidables, los caminos que se entrecruzan. Libertades que apuestan por la generosidad y la memoria.

     Héctor Cortés, así, desde su Casa de citas, invita a disfrutar los libros como formas de historia y creación: restaura distancias con el mundo y su vértigo violento y material para compartirnos los libros leídos, las películas vistas, el detrás de escena de un párrafo bien logrado o en su defecto: la falla; los viajes en corto o más allá de su Chiapas querido, las anécdotas con amigos y no tan amigos.

     Casa de citas, en su concepción, no tiene un orden ni pretende unificar en un sólo sentido a la literatura, el arte, la dramaturgia ni a quienes la hacen, al contrario: su valor consiste en quitarle ese velo reverencial y canónico y apostarlos como temas y desafíos de nuestro tiempo; nos ofrece, pues, la posibilidad de asomarnos a un universo que pareciera ajeno y que sin embargo reconocemos su lenguaje. Virtud de Héctor: el lenguaje sin el peso de la impostura, lo infalible, la provocación iluminadora.

     La apuesta, pues, es un amplio arco de autores donde abarca distintos tiempos, distintas experiencias, distintas disciplinas. Va de Borges a Shakespeare; de Sandor Morai a Virginia Woolf; de Joaquín Sabina a Bertolt Brecht; de Corman McCarthy a Efraín Bartolomé; de un Diccionario de americanismos a Woody Allen. Virtud de Héctor: en Casa de citas todos los horizontes del mundo caben en una mano.

     Acá están las primeras cincuenta, sin cortes generacionales; como en botica, hay de todo. O casi de todo.

     Casa de citas trasciende los escenarios de las falsas victorias, la rotación de las cúpulas políticas, las nuevas repúblicas de escritores, esas entidades más ligadas a la burocracia y el resentimiento. Y la trasciende porque, creo, sin proponérselo, es el mejor promotor de lectura.

     Bastaba, antes, con leer su columna en el periódico que lo publicaba; basta, ahora, con entrar al link de Chiapas Paralelo para leer la Casa de citas. Yo, que memorizaba las que leía, he pasado como erudito, hecho que desmentía (algunas veces) inmediatamente a pesar de lo que había en juego:

–Ah, tan inteligente que se veía ese güerito– me dicen todas esas mujeres guapas que ahora leen a Héctor Cortés Mandujano.

     Yo le dije, lo recuerdo, a mi exnovia que estudió Letras: “Algún día creceré y seré un gigante”. Y lo soy.

     Y si Héctor hizo eso conmigo, imagínense cuantos gigantes hay aquí presentes.

Luis Daniel Pulido


viernes, 29 de enero de 2021

MADRE, ¿ME ESCUCHAS?


En el cuarto ya no hay latas de cervezas,

ni el largo cristal con rayas de cocaína para los amigos:

está el trigo luminiscente en el césped;

está Dios, o imagino que está Dios,

con su arco de serpientes en la cabeza;

está la luz y su ramaje que va de puntillas,

ronronea en las paredes,

en la punta de un relámpago de tinta

que nos salpica:

el silencio y sus espinas,

la marea que baja y deja ver

la tierra agrietada de rostros

que fueron de carne y hueso

 

Están los espantapájaros que se doblan con la lluvia,

las campanas que despliegan su umbral de frutos muertos,

el silencio como un cuarto lleno de espejos

 

Luis Daniel Pulido

 

miércoles, 9 de diciembre de 2020

¿Y A DÓNDE SE FUERON LAS MUJERES VAMPIRO?


 

El mundo ha cambiado:
los niños que cantaban a vírgenes 
que jamás enfermaron de los nervios 
cumplieron la mayoría de edad 
y están irreconocibles; 
y la mujer que amamos en el cine 
es sólo hoy una actriz de reparto:
el pan a merced de los gusanos,
las hostilidades nacionalistas,
los jóvenes con brackets:
el mundo de los espíritus
en un caleidoscopio imaginario

 

El mundo ha cambiado
y ni tú ni yo nos conocimos

 

Me hubiera encantado estrechar tu mano

 

Luis Daniel Pulido

 

Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, México

 


martes, 17 de noviembre de 2020

TSUNAMI


 

Una gota, pequeña primero, grande después, cae al piso del único bar del puerto. El mar, a lo lejos, no está dispuesto a negociar su oleaje: algo pasa en su fondo que sacude la línea de boyas así como el patito de hule en la tina de un par de amantes ocasionales. Él, aficionado a beber en pequeños y lentos sorbos su bebida preferida: agua de coco, lo que exaspera a su compañera, que con el pie derecho da suaves golpes al agua de la tina como señal para que deje de beber y ponga atención al sonido de la gota que cae al piso, cuya frecuencia ha aumentado. Ella, impaciente por respuestas, por abrirse paso cuando el mundo se detiene, según la pregunta que golpee a la puerta de la casa con enormes ventanas y convertida por las noches en el bar más visitado, exige, pero ya, eso: una respuesta.

La vida, allá afuera, está a merced de gente que no se dirige la palabra, que no se permite acurrucarse ante la flor que crece, a los dulces ojos del colibrí y su pequeña sombra relampagueante sobre la hierba. El mundo es un haz de calor que se encorva sobre sí mismo. Y donde un par de amantes ocasionales observan una gota que cae al piso. Y que sonríen como única forma de resistencia al mundo que los violenta. Es así que ella pregunta: “Oye, y si hubiera un tsunami de cerveza, ¿qué harías?” A lo que él responde: “Correría hacia él”.

La risa nos hace caminar descalzos por la tierra después de la lluvia.

La risa –ese bosque de encinos con ríos propios– que ilumina los rostros.

Afuera un hombre le roba a otro y le dispara en la cabeza.

Luis Daniel Pulido


LOS UNOS, LOS OTROS, LOS MISMOS


 

No hubo un faro

–ese tesón de los poetas febriles–

para iluminar la importancia del oficio;

apostamos a un camino más sencillo:

al sufragio del ciudadano

(desde Kane al campesino de alguna Sierra de Chiapas),

al mecanismo de un barquito de vapor,

el tren eléctrico que hizo feliz a los niños

de 1980

 

Y cuando la fragmentación ideológica

nos tentó con las becas,

participamos en la recreación de los actores

y su compartimiento:

nos dijeron, algunos, traidores;

los otros, nos ayudaron a manotear

burbujas de jabón u organizar un juego

de futbol

 

La poesía, como siempre, está en otra parte:

en Hamlet, Aquiles, un guerrillero;

en los manuscritos no solicitados;

en el horizonte, en Camagüey,

los hoteles de paso

 

No en tu adhesión feminista,

el pago de la renta a la cuenta de tus padres,

en las últimas noticias de tu milésimo

periódico de escritores

 

(Pero)

 

El buzón de quejas está a mano derecha

 

Luis Daniel Pulido