miércoles, 8 de octubre de 2014

YA NO HAY CON QUIEN JUGAR A LOS PIRATAS



Siempre somos responsables de lo que no tratamos de impedir.
J.P. Sartre

Es cierto que soy un inconsciente,
pero no lo fui tanto hace unos años:
gritaba ¡tierra a la vista!, repartía
el tesoro con los pobres, era pirata.

Supongo que mi aspecto físico se opone
al de los jóvenes de izquierda:
gordito, playera del Capitán América,
cero “rastas”, barba descuidada,
citas del Che Guevara.

Sin embargo, y cómo olvidarlo,
Acteal sigue siendo un mal día
¿Quién soporta levantarse años
con el pie izquierdo?
¿Los planos, el mar turbio en plena selva,
las fotografías, el colibrí herido que no vuela?

Nadie. Yo incluido.

Así que no puedo ser la voz de los muertos,
es un tema que ya no domino,
y hacerlo en la poesía es como inventarse
que en un gajo de mandarina hemos probado
la sangre, el tiro de gracia, el abismo atestado
de aves de rápiña.


No es así.

Vivo en la ciudad y todo lo que opino
y escribo lo hago desde lo único que soy:
un hombre triste que sale a comprar pan
por las noches y que el jueves, quizá,
se corte el cabello.

Luis Daniel Pulido

Chiapa de Corzo, Chiapas, México. 06/10/14


jueves, 11 de septiembre de 2014

NO DEJES DE VER MIS OJOS TRISTES


Para Gina

Si te pido que regreses
–efecto dominó no reconocido por la historia del arte–
es porque esto de la morosidad en la poesía
aumenta el número de administradores,
y tú sabes que un mismo radio para sesenta personas
es ya cosa del INEGI o de un buffet de contadores:
el SAT, una colonia nueva, la Secretaría de Hacienda

Hay quienes recurren a materiales orgánicos,
a los dueños de la bolsa, a la decoración
de interiores, a osos polares;
hay quienes no: recurren al coraje,
al sexo explícito, al juego al mediodía,
al club de hombres que aman el rock,
la cerveza, a las rubias que visten de mezclilla

Igual no vuelves y este país ya no tenga
centro de gravedad, tlatoanis que escriban
“los las los las los las” como ejemplo de mestizaje
del lenguaje, de tierra para todos,
de periodismo sin fronteras

Bah

Sé que la vida sigue en los sectores públicos pertinentes,
en la federación de estudiantes que elegiste,
en la insurgencia de los que sí participan,
en el bostezo de los que publican libros de poesía,
en los que salen a correr a las seis de la mañana,
en los que deciden morirse en la sala de su casa

Luis Daniel Pulido

Chiapa de Corzo, 11 de septiembre 2014


jueves, 4 de septiembre de 2014

YO, QUE TE QUIERO TANTO


Para Gina, donde quiera que se encuentre


No contamos los días que llevamos juntos,
no creemos –supongo– que los aniversarios
tengan algo de catedral londinense,
coro de niños, agobios por la supervivencia

Hay –primera parada– un concierto
de los Queens of Stone Age;
hay –segunda parada– una señora
que convencer en Guadalajara;
sí, eso que los ideólogos de la mala leche
llaman suegra, mamá postiza
–condición humana–
el rayo sobre la cabeza

Cero Asgard, Carmina Burana,
el medioevo

Paz a los hombres de buena voluntad,
los icarianos, los que veremos el futbol

Paz

No contamos los días que llevamos juntos,
las salidas en falso, los celos de ella,
la danza de guerra:
untar aguacate a la galleta,
abrir una cuenta mancomunada,
lanzarnos desde el bungee más alto
y cantar canciones de cuna para princesas
que se desnudan como si el universo
fuera una isla desierta

Luis Daniel Pulido



sábado, 23 de agosto de 2014

TRISTE, CON LA MIRADA EN EL HORIZONTE


Para Georgina Fernández Ríos
He perdido la fe –si algún día tuve fe–,
el bien común, a la tapatía más linda;
ahora soy parte de la sociedad internacional
de suicidas, de la guía de conducta para individuos
sin hijos, sin casa, sin perro

Dejé de fumar, el mercado libre, la posesión de objetos,
el discurso académico;
tomé atajos, el sinuoso –y divertido– camino a lo mejor
del rock británico, devociones sencillas,
elementales ajustes de cuenta

No más compañeros de viaje,
la pasión de Cristo, corazones rotos;
ni reproches, velas que se apagan,
operaciones de compra-venta,
espías que tocan a la puerta

Hace tiempo que ya no soy un niño:
hablo de todo como si supiera,
exijo pagos fuertes por mi trabajo

Soy –a mi edad– un ciego
que se entusiasma con una carrera de caballos

Con el hierro, el polvo, la arena


Luis Daniel Pulido

domingo, 17 de agosto de 2014

BUM


A Georgina Fernández Ríos

Qué domingo tan triste:
los dragones no despiertan
y la espiga, como el fósil en la piedra,
niega el pan en la mesa

Signos de la cosecha:
un error grave
–con el paso del tiempo–
aumenta su lista de muertos,
el matasellos en los timbres postales,
cartas que jamás se abren

Y hoy –domingo– de qué escribo,
si no estás a mi lado
y no hay quien corte los frutos del árbol,
granos de café a la tierra


Luis Daniel Pulido

sábado, 16 de agosto de 2014

EN LA MANSIÓN WAYNE, UN HOMBRE QUE EXTRAÑA A SUS PADRES, ESCRIBE


A Georgina Fernández Ríos

Cada día me enamoro más de ti;
yo, un hombre al que le ha pasado de todo:
luminosos mares del Caribe,
mujeres en mi cama de Europa del Este,
bartenders que platicaban de literatura cubana
y hablaban francés al oído de quienes poníamos
la cocaína y el dinero y la ortografía en los pasaportes

Yo, un hombre que el amor le llega en números a pagar, 
postales que hacen de ciénegas o desiertos:
balón de gajos blancos en una disculpa que se quiebra

Yo, un hombre sin el aire puro de los niños,
ciego o casi ciego, con su propia tierra de cultivo:
astillas de un barco de madera,
un corazón de lobo hambriento en el pecho,
la bilis sanguínea en copos de nieve,
un hombre que decide no iniciar otra guerra



Luis Daniel Pulido


lunes, 11 de agosto de 2014

GRACIAS, MAMÁ


Gracias mamá por traerme al mundo. Sé que pusiste en riesgo tu vida en un parto de nueve horas. Pero luchaste por mí, y me amaste. Gracias mamá porque a pesar de que te dijeron que era un monstruo me distinguiste con tu cariño y nunca me dejaste solo. Me contaste historias, me compraste juguetes, me enseñaste el cine, los cómics, me amaste. Gracias mamá porque me llevaste a la escuela y no te asustó mi afición a degollar patos, que me llamaran “maldito” en víctimas o cifras. Pagamos todo, o casi todo. Y me cuidaste y me abrazaste y me diste de comer y prometimos cuidarnos. Gracias mamá porque cuando fui joven mi maldad –esa luz con la que brillaba– refrendó otras formas de violencia y te recomendaron llevarme al psiquiatra y no lo hiciste. Me amaste. Me protegiste. Y de ahí a las bibliotecas, la soledad, pequeños tropiezos que no requirieron mas que de medicamentos y jugar futbol soccer. Gracias mamá porque aunque fui un niño malvado y feo me amaste y conocimos nuevas tierras, el mar para nosotros, un cielo lleno de estrellas. Gracias mamá por todo lo que me diste: un hogar, tus sacrificios, los mejores juguetes, tus manos cuando caía. Que nunca me exigiste te hiciera abuela, que entendiste que teníamos que terminar la historia.


Luis Daniel Pulido