Era muy joven. Un adolescente. Había, sí, señores feudales,
directrices sobre educación pública, el águila devorando la serpiente,
la selección de futbol goleada por Alemania,
mujeres mayores que me abrieron las puertas al caos,
el azar, el vacío, los infinitos entre cuatro paredes,
cuando mi saliva y su opio, pegajosos, apilaban
cadáveres entre sus piernas
y yo con la luz saturada de los orgasmos –búfalos crispados,
acariciaba una imaginaria barba descuidada
Luis Daniel Pulido
