martes, 21 de julio de 2026

VIR IURIS


 

Dicen que escribo poesía, pero los hombres superficiales
no hacen poesía, ven fotos de rubias de los años ochenta
de Sports Illustrated o Playboy (la fuente a estas alturas no importa,
sólo es memoria,
un barco anclado donde viejos piratas esperan la muerte,
la nieve en los templos y no en San Juan Cancuc, Chiapas);
lo siento, aunque no tanto, lo digo por decir porque
las películas de culto improbable son la larga lista que leo,
porque escucho el nuevo disco de Los Rolling Stones,
colonizadores, millonarios, capitalistas, viejos cochinos,
entre una novela de Harriet Beecher Stowe y la monocromía
de las opiniones de Occidente,
un perro me lame la oreja
Yo no escribo poesía –escucho rock and roll,
sueño con estar en Los Cabos emborrachándome con una bellísima mujer
desnuda, no en ir a tomar fotos a San Juan Chamula y su guerra de otredades,
ni hacerles ver cómo eran;
escucho el nuevo disco de Deep Purple –esos viejos con artritis
y diabetes pero que tocan para el Diablo mismo;
no escribo sobre heroísmos ni del más hondo amor a la tierra,
me guio más por los instintos y adoro la carne
Ya hubo un poeta que imaginamos ciego
como tú imaginas el cuete que estalla en el cielo
y bendice de fuegos artificiales tu pueblo mágico,
a tus abuelos que marchan cada Día de Muertos
Dicen que escribo poesía, pero los hombres superficiales
no hacen poesía, comen como los bárbaros de Cimeria,
con el poder de los dioses y el hombre
y se llevan el sexo de todas las mujeres a la boca
Escucha cómo mastico las flores marchitas
Luis Daniel Pulido

miércoles, 15 de julio de 2026

ELLAS ESCUCHABAN A BONNIE TYLER, YO EL SEGUNDO DISCO DE MEGADETH


 

Era muy joven. Un adolescente. Había, sí, señores feudales,
directrices sobre educación pública, el águila devorando la serpiente,
la selección de futbol goleada por Alemania,
mujeres mayores que me abrieron las puertas al caos,
el azar, el vacío, los infinitos entre cuatro paredes,
cuando mi saliva y su opio, pegajosos, apilaban
cadáveres entre sus piernas
y yo con la luz saturada de los orgasmos –búfalos crispados,
acariciaba una imaginaria barba descuidada
Luis Daniel Pulido