martes, 14 de mayo de 2013

EL APETITO DE LOS CIEGOS*




Yo no sé si la poesía sea útil, urgente,
necesaria. Igual se dice “bisonte, veintitrés,
Mazinger Z, pelotas”. Igual no.

Todo se reduce a bombillas de bajo voltaje,
espirales de maldiciones y carajos,
cucarachas y sapos.

Quisiera pensar de otra manera,
abrir las vértebras de lo puntual:
hacer sangrar desfiguros o espejismos,
la descomposición del cuerpo de la idea
que fue azul luego verde luego nada.

La luz, después de todo, es un espasmo
del lenguaje, así cites a Zweig, Michaux
o El Piporro.

Luis Daniel Pulido

*Del libro El apetito de los ciegos (en proceso de edición)

martes, 16 de abril de 2013

VOLVAMOS A CASA, MARIANNE FAITHFULL



Cada vez me importa menos este país,
esas ideas –cada una con su propio centro urbano–
que permiten  la alta definición, los más diversos proyectos
de crítica: no podemos evitar ser protagonistas comunes
donde no hay cabida para aceptar la derrota,
que la amplia cultura o bien el hilo de becas y quincenas
vaya al mismo bote de la basura, al mismo abismo sin fondo;
y pues sí, en esta gran farsa uno no puede negarse a ser parte
de ella: regresé al facebook, digo que trabajo en un libro,
volví a ser soltero, no me atormento con ideas previas;
esto es lo que soy, lo que tengo y repito: que este país sea el pasto amarillo
de Ciudad Universitaria, una vela encendida, la sangre del hombre ejecutado.

Lo que me interesa: El Atlas no desciende y desde ayer uso parches
de Buprenorfina.

Luis Daniel Pulido

Hospital del Issste, Tuxtla Gutiérrez, Chipas; Méx.

lunes, 15 de abril de 2013

DOMINGO SIN HORIZONTES*



En cierta forma –la mesa servida,
el periódico de la ciudad de México,
las declaraciones de Ibrahimovic,
la abolición de la esclavitud en el cielo
o la África negra– tus manos siguen aquí,
tu amor a los viejos puertos, tu ocasional
buena fe por los niños de la calle,
el sonido de tus pasos subiendo la escalera
como un fantasma de tetitas rosadas
que a nadie le importa; atada a tus miedos
y los títulos en inglés que se suman a los nuevos caminos
de tus neurosis literarias, a todas esas frases sobre el compromiso,
la veldá, el oficio

Las cosas no cambian:
Hueles a pescado y eso me hace
febril e impaciente

Luis Daniel Pulido

Col. El Carmén, Coyoacán, Ciudad de México; diciembre 2008

*Este poema rock forma parte de mi proyecto El apetito de los ciegos, en el cual trabajo para que sea un próximo libro, e inspirado en el Murder Ballads de Nick Cave, en la película Silver Linings Playbook y el Aftermath de Los Rolling Stones

jueves, 11 de abril de 2013

MORIR DE AUTISMO ANTE TANTA MIERDA

Keith Richards con Anita Pallenberg


Empezar de nuevo corroído por el salitre,
en un rincón, sentado, tapándome los oídos:
odio la música norteña

Sin libros, con enormes manchas negras,
un dictamen médico, y al fondo Hindermith
–de verdad, tocando– en el patio y no en las páginas
de una edición del Fondo de Cultura Económica,
en el texto de un especialista:
como una ola, jaque mate contra ti,
estúpido Vicente Fernández

Empezar de nuevo, con las manos en los oídos,
sin Gide ni Carson ni Montaigne

Debería llamarme Keith Richards
y pincharme los brazos de heroína

Luis Daniel Pulido

jueves, 17 de enero de 2013

UN BUEN CORAZÓN, COMO EL MÍO, POCOS



Podría decirte que te extraño,
excederme en decibeles
con Judas Priest o Black Sabbath
–ya sabes, evito los ramitos eufóricos
de tu twitter–y al mismo tiempo
salir a las calles a pintar letreros
contra la oprobiosa figura materna
de ese alacrán al que llamas “mi tierra”


Podría, sin duda, y sentirme con ello
un buen hombre, un excelente portero,
el don nadie que más ríe en las fiestas;
disfrutar los beneficios que deja
el ser tu amante y marcar con tu lipstick
los últimos números del bingo


Podría ser uno más de esos tontos enamorados,
escribir cerca de ríos transparentes y cristalinos,
de una flor o de helados de riquísimos sabores
según tu querido y ruidoso parque de la marimba


Podría decirte que te extraño,
hacerlo hasta llegar a cifras nunca alcanzadas,
volverme radicalmente austero a la hora
de contestar el teléfono a los que me felicitan
por tu novela y de la cual no sé nada,
excepto que ha sido publicada


Podría, y es que mi corazón a veces hace maravillas
con su Jerry Maguire de ternura, anotar importantes touchdowns
e irme a millonario, como si nada, a la cama


Podría, sin duda, hacerlo: soy prolijo en esas cosas
de niños de las que tanto me acusas


Pero a veces, como hoy, lo único
que me importa es pedirle a Dios,
los teletubbies o South Park,
esa sonrisa maldita a la que tanto
temes y te hace llorar frente a la chimenea,
el espejo o tu cajita de maquillaje

¿Me enciendes mi habano?


Luis Daniel Pulido

miércoles, 16 de enero de 2013

EL MUNDO SEGÚN KAREN

Karen Dianne
A Karen Dianne, con cariño, aunque no me crea
–¡Karen, mira mi Dvd remasterizado de Led Zeppelin!
–Puli, ya sabes que a mí me gusta Agustín Lara
A Karen la conozco de hace tiempo; cuando era una obstinada estudiante de psicología y daba la impresión –por su conversación y digresiones– que dormía con los ojos abiertos, pues la vida configuraba a cada minuto itinerarios nuevos para la disertación.
Vi también que en la libre circulación de las ideas, ella detiene las cosas cuando quiere, y si no sus pequeños ojitos de mamá Kung Fu te obligan a hacerlo. Un Kung Fu, para no variar, arbitrario, ya que parte de ese lenguaje tan de ella: alerta, preciso, ansioso y ¡pum! a la cabeza.
Hemos pasado juntos un millón de rupturas, reconciliaciones, hechos que no nos importan, chistes sobre periodistas chiapanecos, amigos en común, y de feministas. Pero hoy ella es feminista. Ni modo. Quizá tengamos que inventar historias de gatos.
Pero Karen –a pesar de su devoción de feminista otoño-invierno– sigue siendo espontánea, divertida, inteligente y sobre todo conserva eso que une a los que –sin verse– saben que decir en los momentos más álgidos de una controversia; y me refiero a que ambos somos malvados.
Hoy compartimos un taller de análisis de textos literarios; yo, puntual; ella –que no respeta horarios ni acuerdos–, se aparece siempre tarde y por arte de magia o porque el maestro es débil y frágil ante la belleza, reinicia la clase según su plan, orden de autores cuando Karen llega e interrumpe, cuestiona, rompe, deshace, dice “sí” a esto, “no” a lo otro y en un tris pone el mundo de cabeza, crea su Imperio, contesta llamadas a su celular, retoma la clase y no, no, no, no está de acuerdo.
Karen es así, y me da gusto, pues aún en posiciones distintas: ella como madre exitosa y yo como integrante de los Avengers –que según el feminismo de bases indigenistas del cual parte su credo, me hacen el lobo feroz o el perro racista que se inventó su amiga novelista– seguimos viéndonos como protagonistas de las mejores películas de Woody Allen y en una que otra donde, como Shakira, ella es rabiosa, rabiosa. Sin olvidar que al final del taller su mayor elogio hacia mí es cuando dice “Ah, admiro a Pulido que aguantó tres horas sentado en una sala de cine viendo la tercera parte de Batman. Ese Luis Daniel y sus cosas de niños. En fin”
Pero –Karen es Karen– y sé que negará esto último y dirá que tengo mucha imaginación y he inventado todo; además que la palabra “ella” no es una metáfora, sino un sintagma.
Claro, yo ya estaré lejos comiéndome unos taquitos de sirloin en algún lugar de la galaxia.
Luis Daniel Pulido

lunes, 14 de enero de 2013

SÍ, YA SÉ, GANARON LOS CUERVOS DE BALTIMORE, PERO YO QUIERO ESCRIBIRLE UN POEMA A GISELE

En la foto: Gisele Ruiz Trejo

A Gisele Ruiz Trejo

No insistiré en bienales gourmet ni culturales,
pretextos que me lleven al Vogue de tus noches de fiesta,
no soy bueno en eso de entender la moda como concepto
o vanguardia, si es retro o encierra –en una misma cita de Delauze
o Versace–  a todas las clases sociales, un ejemplo de alusiones,
metáforas e imágenes que hagan una poética de todo, noches donde tú eres
la mujer más bonita y yo el hombre –cruel, gandalla, clasista– de tu vida

Un sueño  –y a ver, quién replica a ellos– donde igual te seduzco
en el siglo diecinueve, o como “citizens” de Glasntonbury,
o con estas ganas de compartirte mi barquillo cubierto
de chocolate helado

Y aquí apunto: No importa si hago una pausa de diez años,
que le dedique libros a otras mujeres, que los domingos
apague el teléfono y pase horas y horas viendo ESPN
o subrayando jugadas, incluso, frases de Cabrera Infante

Aún sueño contigo y me da cierta tranquilidad que no sea
el único, aunque la diferencia, la gran diferencia, es que yo soy roquero
y jamás te lo diría en el discurso bolivariano, en los coritos de las canciones
que hablan de amor a la gente: en el poema más hermoso del mundo

Te lo digo al tronarme los dedos de las manos,
con mi barquito pirata, con las bengalas del estadio
del Galatasaray y el confeti  –bravo– en la cabeza

Gisele, soy feliz, y espero que tú lo seas

Luis Daniel Pulido