martes, 24 de diciembre de 2013

CAMA 73


En los hospitales uno ve un cáncer
de un kilo doscientos gramos,
sondas y toda esa urticaria
que el cuerpo enfermo drena;
también unos ojos –bellos ojos–
aguamarina que salvan y seguro
son tapatíos

Hay médicos –juniors– con nombres
como Ricky o Axel y equivocan
diagnósticos, balbucean, evitan
verte a los ojos;

Y no esperes que te devuelvan
las llamadas, son tan responsables
como los cazadores de ovnis
o los que ganan Jeopardy

En los hospitales estas cosas pasan;
igual el Ambroxol te calma la tos,
los nervios y por mil pesos se consigue
morfina y todo llega a buen puerto:
médicos y yo intercambiando pelis
de cine erótico

Luis Daniel Pulido


Foto: Cazaluz arte

domingo, 22 de diciembre de 2013

YA ESTOY AQUÍ


Marina se fracturó una pierna
y quise darle la mía,
que sambita y peluda la sostendría,
la haría brincar como Isinbáyeva

Quise, pues, darle mis huesos,
uno a uno, blindar sus pasos,
que no derramara gota de cerveza
en caso de tropiezo o traspié
o dedito gordo en un zapato que aprieta

A Marina –me dije– todo:
el mar, una férula, la luna llena

Luis Daniel Pulido



sábado, 14 de diciembre de 2013

Y VOLVEREMOS A CASA MÁS ALTOS MÁS FUERTES




Qué solos estamos mi madre y yo,
borrados de agendas de teléfonos,
de marquesinas con grandes letras

Extraña –me dice– el olor de la canela,
el sonido del arroyo de su pueblo:
San Pedro Buenavista, en Chiapas, México

No sé si su pueblo exista,
si la iluminación hace a las enfermeras más feas,
si los videoclubs nos llevaron a la quiebra

Mi madre y yo estamos solos:
sin Navidad, fiesta de cumpleaños,
cafés en Starbucks

En Hong Kong –veo el horizonte–
alguien apuesta a mi nombre
–el recibo incluye seguro médico–
por un par de peleas

Algo tengo de boxeador irlandés,
tics de gánster en los dedos,
cicatrices desprovistas de etiqueta

Mi madre y yo estamos solos y no nos hace falta nada:
venderemos alfombras y regresaremos a casa,
chance formemos una AC o una fundación para salvar tortugas pintas

No sabemos

Luis Daniel Pulido

4 de diciembre, 2013







martes, 3 de diciembre de 2013

ANTES DE REMAR A CUALQUIER PARTE


Tengo tantas cosas qué hacer –enviar libros, 
visitar fiscalías, organizar ideas, asear a mi madre–
que no dejo de sentir los dedos mugrosos de dios, 
su silencio ratonero moviéndose en mi pecho;
al fin: dedos de un tirano que teme a las secuelas 
y de ahí, supongo, su insensatez por manifestarse 
en el grito de los cerdos en el rastro, 
en las gallinas despescuezadas y sin plumas en el agua hervida, 
en las reses cadavéricas que cuelgan de anzuelos, 
en las vísceras de animales y la mierda de ofertas

Luis Daniel Pulido

lunes, 2 de diciembre de 2013

EL REY TIENE UN ARMA



He descubierto otros principios
que no son morales ni éticos,
tienen que ver con tu cuerpo,
con la piel y tu sexo,
con ese hilo de saliva
que asemeja una boca abierta,
el cosquilleo de una sonrisa
chiquita

He descubierto que el amor
no es un plan de estudios,
disputas por honrar la tradición
e historia de un país que no
nos sirve de nada

He descubierto que el futuro
es anónimo y obligatorio,
que hay orgasmos que al tomar
la primera curva se estrellan
a mansalva en tu cabeza

Estamos solos y lo único
que nos salva es tener
un arma en las manos,
lo demás depende si es
un asalto o la guerra
contra el narco,
o llevar –puntual– la comida
de nuestros hijos:
que aprendan a caminar
sin temor sobre el charco
de sangre y donde cada
uno doble la esquina
que más le convenga


Luis Daniel Pulido

Y CON USTEDES LUIS DANIEL PULIDO


miércoles, 27 de noviembre de 2013

MONTAÑAS


A mis veinte años tuve una sala de lectura;
enterraba a mi padre, viejo héroe de las montañas
de Chihuahua y de Telégrafos Nacionales
                        
México era más parecido a la Alemania de Goethe,
a los banquetes medievales: barbacoa sin cubiertos,
cabrito hasta que reventara Dios padre

A mis veinte años esta imagen: Ramón Xirau al piano,
un tal Foster en Montjuich,
un nido –de algo– en el Halley

A mis veinte años el norte de México en los novelistas rusos,
asaltos de Bancos, discos de Eric Clapton

Mi padre lo supo:
íbamos a contracorriente,
a quedarnos solos:
suficientes pruebas de estupidez arrojan las guerras,
los conciertos de El Recodo, a lo que hemos llegado:
un mar de decapitados


Luis Daniel Pulido