martes, 19 de octubre de 2010

EL LUNES OPTIMISTA DE SPIDER MAN

Foto tomada del blog: http://unlimitedvialibre.blogspot.com/

He cambiado mis lecturas de Cioran
por el especial de Charly Brown de los años 70,
por el sonido que provocan los textos literarios
cuando son como la lluvia que se resbala
en las alcantarillas y hace que mi casa de adobe
persista, lejos, de metrópolis hipócritas,
en encender –a pesar de la humedad–
el fuego que respiras y germina en flores
en la plaza de San Marcos en Venecia.

Existen problemas técnicos,
los normales diría: electrodomésticos
sexistas que hacen torpes a los hombres
fuertes como yo; o las puertas doradas
de las palomitas extra mantequilla que,
maldita sea, no puedo comer por la dieta,
algo parecido a la Biblia o el Islam
en los estados modernos o llenar de nudos
imposibles mi carita con hambre.

He cambiado las carreras de fondo
en ensayos, lecturas, poemas
por las caricaturas, esos pequeños dioses
que no ponen serpientes en los árboles
ni las formas más extremas del amor
y la redención.

He decidido caminar descalzo sobre la nieve
en Nogales, tu ciudad que desdibuja sus contornos
y flota como un iceberg en alguno de los hielitos
que hay en mi vaso de whisky y acompaña
mi riquísima sopa recalentada.

Todo está claro: El amor y la vida
se trata de remontar horizontes.

Y por ello debo comer bien.

domingo, 17 de octubre de 2010

VICKY PRINCESS (DESPUÉS DE UNA FUNCIÓN EN TOKYO)

Foto tomada de: http://unlimitedvialibre.blogspot.com/

Hay quien dice que debes adelgazar,
y no entiendo; veo los helechos
que crecen en los muros pero el arte,
princesa, no apela los veredictos
de los directores de teatro.

Y ni aunque estemos juntos
–me refiero a los guiños
que encienden lámparas–
lo más importante para mí
es no despertar del sueño
y de sus ámbitos azules
donde navegamos y te corono,
bellísima, en el Caribe soleado
o tormentas septentrionales.

Hay quien dice –y cita a Artaud o Steiner–
que la belleza parte de una educación
científica, un extremo de la rabia, la certeza,
el punto, el rencor social.

Pero yo te veo, bonita, manejando tu bicicleta
roja en la Shanghái de los años treinta;
y te corono con un brillante origami de estrellas
mientras te tiras al sol de un planeta con servicio de bar
y puertas de emergencia y nariz roja con aurora de olas
que siguen su camino.

Hay quien dice y dice muchas cosas:
en las calles o carteles rojos,
en la revista Quien, en las lucecitas
navideñas, en Constanza, en Chagall,
en la mujer de Lot.

Yo digo –y te lo escribo hoy como los ángeles
pervertidos que perdieron las alas cuando usaron
Kelvin Clain– que eres la princesa más bonita
que he visto esta noche que amanece en mi corazón
pintado en una servilleta cuya pólvora lo lleva
a Salisbury o a un ventilador que se enciende
y dispersa a un montoncito de mariposas.

Después de la guerra, princesa, el desierto
donde no dormiré contigo.

sábado, 9 de octubre de 2010

NO TODOS LOS HOMBRES HABITAREMOS LA LUNA EN OCTUBRE



A mi amiga Claudia, de Paraná Entre Ríos, Argentina


Me pregunto –y para ello no me voy a la Grecia clásica–
si tu ciudad concede tierras a los náufragos
o prevalece como un pueblito donde mujer,
hijo y padre no llaman a los extraños enemigos;
y en los cines, los sábados, la película que se exhibe
nos permite el bien común, un beso chiquito,
un abrazo que trace el vuelo de un avión
sobre el piso cuando se apagan las luces.

No puedo definir, entre bambalinas o desde la luna,
si los dos ríos que atraviesan tu ciudad subrayan
orugas o conejos personales, un dinosaurio
que vive en el centro de la Tierra

Puedo decirte que te quiero y que lo más lindo
que hago por ti es seguir y atrapar a los ratones
que pasean por el supermercado.

Me pregunto si tu ciudad
–proyecto solitario, geografía indefinida–
es algo por suceder, el hambre que pasé de niño,
el pozo sin estrellas, un círculo en la arena.

Puedo meter los dedos en las tortas de azúcar,
deletrear Argentina como un simple juego
de pingos para contarnos historias, por ejemplo,
del mar que baja en tu cuello y cae al piso
y asusta al gato.

Somos, inevitablemente, semillas de trigo
atrapados en la telaraña que lucha contra el tiempo
mientras el amor, como dos niños que tiemblan de frío,
acercan sus manos y llueve.

martes, 5 de octubre de 2010

CUANDO UN CORAZÓN DESPIERTA DE SUS SUEÑOS


No aprovecho mi oficio para lanzar novedades,
ni mi palabra tiene héroes civilizadores,
es más bien exacerbado y matón como los terratenientes
cuando buscan el amor en habitaciones
donde quepan mínimo cinco mujeres.

Quise ser una buena persona,
sentarme a la mesa sin llevar
sobre los hombros la cabeza
de un tiranosaurio ensangrentado
gracias al patronato Peter Jackson
y al amor de Naomi cuando imagino
que juego por ella en la NFL.

No aprovecho mis viajes a África,
ni en el camino de vuelta platico
de mi abuela guapa; dejo que los muertos
sigan su camino y con mis dedos aplasto
las gotitas que se resbalan en ramitos
de flores moradas antes de abrir los ojos
y toparme de frente con espantapájaros
y serpientes.

Vivo y doy vueltas en la cama donde el peso
de mis sueños me obligan a mantener
la vista en un barco que se hunde
y no hay sobrevivientes.

Quisiera que mi corazón ya no creciera.

domingo, 3 de octubre de 2010

DESDE EL OTRO LADO DEL MAR

Foto: El tapacholos



Son muchas cosas que extraño de ti,
tu mirada de país hostil recién conquistado
y esas cosas que coloreas durante las fechas
de muertos, roscas de azúcar colorada en ofrendas
que según tú prueban que el futuro no es una guerra
de las galaxias sino firmas hechas de carbón mineral.

Y esas canciones que escribes donde soy un Robin Hood
mentiroso que llega a casa después de aventarse a un río
caudaloso, y sin embargo, en el audiorama de tu corazón,
–y este público sencillo– saben de que todo fue parte
de uno de los debuts más esperados: he entrado por la puerta
grande o chica a la farándula de las sobredosis.

Son muchas cosas que extraño de ti,
esas balas de goma que disparas capaces
de seguir varios minutos a su objetivo;
los libros infinitos que iluminan el poniente
de tu tierra en una fila de antorchas que desprenden
cristales blancos a propósito de la lluvia que te envío
por correo electrónico.

Extraño encontrar los mejores precios
para un disco de The Fall o Interpol,
las subastas de besos fermentados
en barricas de madera y etiquetados
en Persia por mi mano que tiembla
y se esfuerza por empuñar de nuevo
la espada.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

YO TAMBIÉN ESTUVE AQUÍ


Hoy, pues, es el día
en que el muñeco de nieve que se derrite
es un hombre
Fusen

Dicen que estuve a punto de morir,
alguna fisura en el oxígeno doméstico,
tristezas de fondo, océanos que ahora
sí se volvieron navegables.

-Intoxicación por alcaloides- dice el diagnóstico,
simple, concreto, sin el exhaustivo punto de vista
del analista literario, sin el lobby de la industria
del camino a Jerusalén, sin el follaje verde de los jardines
que crecen a la orilla de las estaciones de trenes.
Luis Daniel Pulido


En los años 80 mi novia leía a un tal Norman Mailer
y veía, desde el I Ching y el sicoanálisis, al asesino
que años después escribió poemas con escalpelos
sobre su vientre en busca de que me diera hijos
o tigres o lobos o perros rabiosos.

En los años 80 fui futbolista, caminaba las calles
de una ciudad casi vacía y por los rumbos de la
tercera norte se me invitaba a jugar con los
Chamula’S Powers.

Recuerdo mis viejos tenis Nike,
mi primer disco de Iron Maiden,
memorizar las capitales de países
con armamento nuclear,
al primer “periodista” sacudiéndose
la pereza vespertina e intercambiando
notas por alcohol.

En los años 80 la fiesta era Fidel,
Blade Runner, Kelly Le Brook,
peinados altos, pestañas grandes,
Levi’s 501, uhisports, el submarino
amarillo, bubulubus congelados.

Recuerdo el beso a la reina de la feria
de Las Margaritas, haberle mentado la madre
a los soldados, manejar sin luces de Simojovel
a Tuxtla Gutiérrez, mi primer arresto por consumo
de cocaína en la vía pública.

En los años 80 atajaba penaltis como Héctor Miguel Zelada,
escribía como Joe Strummer y bebía cerveza con Efraín Huerta.

Recuerdo mis viejos tenis Reebock,
a mi primera y única novia que se fue
en busca del sueño americano,
mi última película en el cine Vistarama,
el sonido de la grava que daría paso
al futuro en una suite de lujo
donde estaríamos a la misma distancia
de Bangkok y San Juan Chamula:
de Singapur, Londres, desayuno a las nueve
en Las Pichanchas.

En los 80 estuve aquí, entre acetatos
de Los Ramones y Motorhead,
en los parajes de lo que son hoy asentamientos
para el deporte de alto rendimiento,
con mi novia de años en espera de que esta
vez sí volemos a nuestra luna de miel
a las islas de Trinidad y Tobago.

*Gracias a Liang Cristi, mi novia, que siempre estuvo a mi lado.
A Dámaris Disner, Nadia Villafuerte, Carlos “ Beto” Velázquez, Alecs Camacho y Juan Manuel Sarabia “Manu”por su apoyo, cariño y compañía.
Al maestro Héctor Cortés Mandujano, por su mensaje Jedi.
A Alejandro Molinari, por sus palabras de fe y aliento
.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

HEMOS COMPRADO UN PERRO


A Liang Cristi


Hemos leído mucho o poco,
hemos comprado un perro,
hemos escrito nuestros nombres
sobre postales de St. Tropez
y hemos renunciado a la escuela,
a los cartuchos húmedos de los cubículos,
a las rentas atrasadas cuyos billetes
no rebasaron los 1.8 kilógramos.

Hemos puesto al alcance
hartas horas de no hacer nada
y lo hemos hecho en las bibliotecas,
al salir a las calles, ante la vista
y desencanto de los genios financieros
que nos señalaron como villanos.

Hemos renunciado a que cada texto
literario suene ambicioso,
hemos vuelto a ser poco fiables
con las buenas ideas, con los amigos,
con el que se asoma precavidamente
a lo que escribo, con los tracks digitales
y las graduaciones alcohólicas.

Hemos puesto en venta la casa,
la luz enmohecida de los zaguanes,
el guardarropa de camisas con las
que salimos de caza y permanecen
-con su suavizante de plata-
con la semilla ensangrentada
de tilos intactos.

Hemos renunciado a las asambleas,
a las hojitas con textos solidarios,
a la ciudad como móvil de pasiones
y virtudes, a la ruta de balas que tocan
el corazón y nos llevan a otros sitios:
a las conversaciones casuales
y las leyes antitabaco.

Hemos dejado de comprar libros
-esa propiedad comunal del Estado-
y hemos puesto en marcha pic nics
bajo la enorme sombra de los sauces,
básicamente en las noches y los fines
de semana; después de pagar, puntual,
la luz y el agua.

Hemos comprado un perro.