sábado, 7 de febrero de 2009

CONVOCATORIA DESDE SAN AGUSTÍN ETLA, OAXACA


El Centro de las Artes de San Agustín, Etla (CaSa), el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA) y la Secretaría de Cultura del Estado de Oaxaca convocan a participar en el taller Literaturas flotantes, creación de blogs literarios, impartido por el maestro Fernando Montesdeoca, ganador del Premio Nacional de Cuento Agustín Yañez 2005, y del Premio Internacional de Novela Sergio Galindo 2007.


Durante el taller se abordará la exploración de diversos recursos del blog en relación a la creación literaria: la hipertextualidad, la interactividad, la creación individual y colectiva; la relación de la literatura con las imágenes, la música, los podcasts, el video, la fragmentación, el zapping, entre otros.

BASES:

Podrán participar aquellas personas de 17 años en adelante, con conocimientos básicos en la creación de un blog y textos de su autoría, que deseen profundizar en el proceso de creación y difusión literaria a través de las nuevas tecnologías.


Los interesados deberán remitir a la dirección electrónica

difusionacademica_casa@prodigy.net.mx un documento que contenga una breve ficha curricular y un anteproyecto del blog a desarrollar durante el curso, que integre textos de su autoría.
Un comité formado por representantes del CaSa y el maestro Fernando Montesdeoca elegirán a 20 alumnos que serán becados para tomar el curso. Su decisión será inapelable.


Esta convocatoria se cierra el martes 17 de febrero de 2009.


Los resultados se darán a conocer el viernes 20 de febrero en el blog del centro de las artes: http://www.casanagustin.blogspot.com/, y de manera personal vía correo electrónico.


Quienes sean seleccionados deberán firmar un documento en el que se comprometan a participar en todas las sesiones del taller.


El taller se integra de 6 sesiones sabatinas cada 15 días. Febrero: 21; marzo: 7, 21; abril: 4, 18; mayo: 9. El horario es de 10:00 a 13:00 horas.


Todas las sesiones tendrán lugar en la teleaula del CaSa.


Para cualquier caso no previsto en esta convocatoria, los aspirantes se someterán al fallo del jurado.

Fernando Montesdeoca (Ciudad de Mexico, 1952) estudió arquitectura, guionismo y realización cinematográfica. Ha hecho cortometrajes, crítica de cine, guiones, publicidad, diseño gráfico, fotografía, pintura y teatro. Actualmente es becario del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Oaxaca. Es autor de los libros Viaje nocturno, 1997 (cuento); Esta ilusión real, 2002 (Premio Juan Rulfo para Primera Novela 2001), y Moscas (Premio Nacional de Cuento Agustín Yañez, 2005). Su más reciente novela, En los dedos de la mariposa (2007) obtuvo el Premio Internacional de Novela Sergio Galindo. Minificciones de su autoría pueden apeciarse en http://dosisminimas.blogspot.com/; su obra plástica en http://fermontesdeoca.blogspot.com/, y sus fotografías en http://www.flickr.com/photos/montesdeoca

lunes, 2 de febrero de 2009

CUÉNTAME QUÉ HACES

Nadia con la banda de Tijuana, presentado su libro
"¿Te gusta el latex, cielo?"

Cuéntame qué haces,
si surgieron inesperadamente dudas
y éstas no multiplicaron panes ni peces,
si florecieron magnolias en tu paraguas
y si el revestimiento de miel a las galletas es el exacto.

Dime si temes que en un corte de luz
se pierda esa idea que revolucionará la literatura

Si caminas a la Universidad
en autopistas de pinos retorcidos,
si convienen los poemas en forma de corazón,
un gramo de avenida, treinta y cinco minutos de futbol.

Cuéntame qué haces,
si tu corazón aun permite civiles,
si compartes campamentos con Scouts
en un metro de emergencia.

Cuéntame de los que conocen Cachemira,
del fuego punzante del aire a seis mil metros
sobre el nivel del mar.

Dime si es Pessoa, Wiiliam Blake, Racine o Mongtaine,
o simplemente el sentido que da escribir con la soberbia
de un evangelio de sedantes

Cuéntame qué haces,
si el año internacional de Astronomía
es suficiente para escribir al margen de las reglas,
sólo con el olor a pan tostado de la medianoche

Cuéntame si bajo tu puerta el horizonte
de mi correspondencia es la hoja de afeitar
que desmonta los viñedos escarlatas
trazados por años y miles de letras.

LOS ÚLTIMOS APUNTES DE BARRY BENSON*

Nadia Villafuerte y Daniel Pulido (chequen el bronceado)


Existe hoy en día un tipo de gente, en su mayoría poetas jóvenes, que pronuncian la palabra “alemán” casi siempre con las ventanas abiertas de la nariz. Signo indudable de que, en estas personas, hasta el patriotismo es imitación.
Lichtenberg


Encontré un buen lugar para vivir. Todo lugar es bueno. Un durazno, por ejemplo, sin pasajeros y sin la menor idea de ser envuelto por el aroma de la hierba y colisiones de miles de gotas de brisa que beberé como si fueran ginebra seca.

Vivir bajo la sombra del durazno que redime patrias tan sencillas como el de las abejas que leen a Whitman, o el de las hormigas soldados que desertaron porque el hierro que mata jamás se convirtió en una fuente de agua transparente.

El durazno, con su olor a elotes y riachuelos, permanece insomne en el milenario riego de la huerta.

Patria es aquella que crea universos una vez que todos nos olvidan. Patria, la que te reconoce y deja un sabor dulce en los labios, como de fruta que se fermenta bajo las hojas amarillas de la tierra húmeda.

Un durazno es un buen lugar para vivir mientras se me designan los filos y herrumbres de la muerte.

Por acá no llega el cartero, pero quizá algún día reciba una postal de almendras dulces envueltas en polen.

No conocí ningún puerto; sé de ellos por la hermosa niña de quien me enamoré, por ejemplo, que de noche el oleaje abre persianas de luces, que de día cubre de tamarindo estrellas polares, que en protesta salen mujeres hermosas en bikinis de entre la arena.

Debe ser muy bonito el mar.

Mi durazno, jabonoso por lo extra maduro, conserva un adherible donde se amontonan las palabras para abrazarse y decir “Monterrey, Corp.”, el Aschwits de los duraznos, según me dijeron.

Mi durazno es ejemplo de libertad, y como tal paga el precio acompañando destierros como el mío, dando sombra o juguito cuando nos apedrean.

Todo lugar es bueno para vivir, pero el alba de mi durazno –de ancestros británicos- se zambulle en las gotitas de agua de mis alas quebradas para darle paso a los siniestros y enormes gusanos.

¿Escuchan?

¡Son los Beatles!

Y el cielo azul, azul, azul, azul…azul…azul

*Inspirado en la película BeeMovie

¡ROBEMOS EL TEQUILA!

Nadia Villafuerte y Luis D. Pulido (¡metiche!)


Estábamos en Sanborn`s. Sí, esa cafetería donde el discurso es toda una “sociedad del espectáculo”. Hasta fumar es inconcebible sin sentirse importante. Donde todo opera en "first class". Debe ser por eso, en detrimento de esa empresa, que a Luis Adrián se le ocurrió gritar

-¡Chinga tu madre!-, y al Fer fumar y rascarse los testículos ¡al mismo tiempo!

Ximena entre lo que es y será. Se reía. El tiempo en ella es cosmopolita, no tiene "restos de humedad" pero sí de primera clase, una dama, pues, entre tanto baquetón. De hecho ella nos invitó a su casa. Si la apuesta hubiese sido entre el Fer, Luis Adrián y yo, de seguro recurrimos a la fuente primaria de nuestras almas engoriladas: cervezas y hot dogs.

Salimos de tan melodramática cafetería. ¡Qué diálogos! -Caballero, un placer servirle, disculpe, ¡licenciado!, adelante, pase usted-

Bajamos al estacionamiento. Nos permitimos compartir autos. Qué creían. Estos tipos no tienen automóvil. Pues no. Qué fuera de esta crónica sin una carrera entre Luis Adrián y Ximena, ese pinche espíritu de la película Rápido y Furioso, esa superficialidad que da el ser guapos y populares, ¿o no?

No sé si Ximena me escogió de copiloto, o yo me subí a su auto porque uno jamás renuncia a morirse a su lado, situación que ya no es posible porque ahora ya maneja bien (con ello, por cierto, se acabaron las utopías). En fin, un poco de telepatía no está de más –Ximena, Ximena, Ximena dame un beso-. Pero ella sólo tenía una fijación y no eran mis labios -ya me chingó este güey- repetía en cada cruce.

De repente, al ver a Luis Adrián, a Ximena y al Fer bajar del auto, me imaginé en la obra de teatro Vaselina. Endubidubidú tararará, endubidubidú tararará.

Llegamos a la casa de “Jime”, donde los poetas no coinciden con los demás poetas en cuestiones como tradición o academia, o algo parecido. Qué bueno que soy ajeno a tan imperfecto oficio, al menos, esa impresión me quedó para algo tan sencillo como decir

-¡Guao, la tarde es maravillosa-!

El papá de Ximena se llama José Luis Camargo y sí, es a todo dar. Nos invitó cervezas, papitas, más cervezas y más papitas y nos mentaba la madre, y aunque suene contradictorio, Fernando, Luis Adrián y yo, nos sentíamos muy a gusto. Ese señor mienta la madre bien chistoso.

La mamá de Ximena me pidió mi opinión sobre algo importante, pero hasta el momento de escribir esta crónica, creo que sigue platicando, platicando, platicando....platicando.

Fernando me dijo:

-Pulidín, cuando se duerma mi tía, nos llevamos la botella de tequila

-Ya vas- le contesté

- ¿Qué dices Luis Adrián?

- Cabrón, los pinches pictes están buenísimos-

-mmmmmm, Luis Adrián ¿son tamales de elote o peyotes?

El tiempo pasa, da el resto, llena los vacíos y todos volvemos a decir

-¡Salud!

El señor José Luis Camargo me dijo:

-Vos Pulidín si tomás mi teléfono no vayás a hablar a Tailandia

La señora madre de Ximena nos adelantó todos los capítulos de sus recuerdos literarios que le publicarán en una editorial importante, y no nos pudimos llevar la botella de tequila.

A las dos de la mañana cada quien regresó a su casa. Luis Adrián lloraba por Ana, Fernando por Flor, y yo porque la telepatía no sirve para robar besos, ni botellas de tequila.

lunes, 26 de enero de 2009

SI AÚN ME ESCUCHAS

Quisiera echarle la culpa al sol.
Que sujetos a puertos y acantilados
exhalamos la arena del mediodía.
Que no te vi, que los barcos multifamiliares
no se marchan y nos ofrecen el camarote
del fracaso de las universidades.

Quisiera decirte que el sol me hacía bajar la mirada,
que la academia arremete contra la vida misma,
que la autonomía es un laberinto de cadenas,
que te graduarás a la mañana siguiente
mientras yo con tanto unicornio y entresueño
volveré para hacer otras cosas.

Quisiera echarle la culpa al sol,
al dragón que cruza la calle en silencio,
a los cócteles que te hacen más bonita,
al corazón escolar con su juego de espejos.

Pero no.

Volveré a caminar por esa calzada
donde gritaba -¡larga vida al rock!-
hasta que la universidad disuelva sus ataduras domésticas
y te escriba poemas desde el desierto,
la cárcel o bosques de niebla espesa.

Foto: Aleks G. Camacho

CASA DE CAMPO

Nadia Villafuerte, en Londres (Foto de Aleks G. Camacho)


Las cinco de la tarde,
un café, nada de bicicletas,
sólo el flujo informativo de los años:
la feria del libro en Guadalajara,
el pabellón Andaluz, el Metropólitan de Nueva York,
sin olvidar los maestros perversos,
Baudaleire, murciélagos gigantes, Lacan.

Un poco -quizá- de amor expuesto al ojo
de Manu y el tatuaje de la bonita mesera,
citas de Lizalde, Cortázar, Malcom Lowry,
el frío, la poca luz y medir en tus labios
la temperatura del aire.

Luego caminar por calles
de vírgenes insoportables,
perdernos por este país
que somos a todas horas:
una postal con alas de serpientes.

Recorrer territorios en tus silogismos,
arrebatos, juego de palabras;
sabernos desterrados, neuróticos, solos,
que el mundo gira a los alrededores
como un tianguis de sueños ordinarios.

¿Qué me queda de ti?

La luz de un automóvil en la frente,
tu sonrisa más bonita en cada letra,
Lezama Lima, una plaquette,
mi dolor de rodilla,
los dos años que tardé en escribirte un poema
y mi caballo de burbujas que cabalga bajo la plata de la luna.

Qué bonita noche.

Yo soy el hombre.

EL PEQUEÑO CABALLERO DE LA NOCHE




Siempre quise ser un niño bueno. No el que despedazaba unicornios con el hambre de mil lobos cada vez que me veía al espejo.
Un niño bueno, no malo. El que deshilaba libélulas para encerrar en un círculo de estela la aurora de los planetarios. Que fuera a la escuela sobrellevando ausencias como las de papá y Jesucristo en un hemisferio de balas masticado por los glaciares de mi boca.

Un niño bueno, de esos que ríen y no odian. De betún en la sonrisa y cangrejitos petrificados en una burbuja de arena.

No el de la sangre entre los dedos, no el de los peces boqueando en la carne viva de mis ojos.

Un niño bueno, de los que en el indefinible aspecto de una manzana podrida le alcanza para esconderse de los monstruos hasta que tú lo encuentres e ilumines con el fuego de una vela las promesas que corren por mi cuenta.
Un niño bueno, lo sé, no promete lo que no tiene. Y lo sé porque los resultados de mis sueños no son del tamaño exacto de lo que exige la vida.

Pero siempre quise ser un niño bueno, a pesar de mi edad y los relojes inestables de la muerte que aún no alcanzan la orilla de la playa.