miércoles, 24 de diciembre de 2025

¿TENGO QUE RASURARME LA BARBA?


 

Acabo de llegar de trabajar –ahora trabajo toda la noche,
doce horas sin ver el cielo, si una estrella fugaz la atraviesa
y desaparece en su pequeña batalla contra la infamia;
me cambio de ropa y al mismo tiempo la Nochebuena en Angola,
o las perdices en Líbano, las muchachas de Guadalajara, Jalisco,
son atavismos de la memoria, del cansancio;
saco a mis perros y todavía no amanece,
hay un indicio, una capa naranja y el rictus de un planeta
que así anuncia el nuevo día;
los millonarios excéntricos, el futbol en Inglaterra,
el descrédito y la impunidad en México,
el cuete solitario que estalla a lo lejos,
quien se opone a los excesos o quien se acerca a ellos,
abren sus pétalos oscuros,
serpiente que se enrosca a tu cuello;
toco con mis dedos la tierra mojada,
uno de mis perros persigue el vuelo de una mariposa,
yo tengo hambre;
en la ciudad la navidad impaciente de los alcohólicos,
los niños ausentes del deber moral de pagar las deudas,
en espera de los regalos y salir a la calle a mostrarlos;
tristemente acá el futuro es de los sicarios,
de quienes se sujetan a la muerte en busca de oro,
y se pudren –nacionalistas, con su pedacito
que les corresponde de República,
de bandera izada en el zócalo o en su reflejo:
en el cristal de una camioneta blindada;
regreso a casa –nadie me espera…
Luis Daniel Pulido

martes, 23 de diciembre de 2025

MI CUENTO DE NAVIDAD



Tuve un suegro, exsuegro hoy por el papel asignado de mi expareja enojada conmigo por un pequeño detalle y no me respondan ¿en qué lugar te piden el divorcio por correr un medio maratón? Pues en esta comedia mexicana de ultraderechas prianistas e impolutos izquierdistas, donde el que no cae, resbala sobre el sagrado petróleo mexicano o por los relieves ideológicos de los textos de la nueva escuela mexicana, eso pasó. Mi exsuegro, que es el tema de este texto, forjado en las minas de Cananea, con líneas de tierra en la frente que su hija le limpiaba con ese amor profundo que tienen las niñas por el héroe de la casa, llevaba puesta la camiseta: “México, tierra de oportunidades”. Buen hombre y buen conversador, me lo imaginaba acariciado la cabeza de un perro –que nunca tuvo– con su mano derecha, que caía, cansada, sobre un Cerbero viejo al que alguna vez, también, le tocó la lira para calmarlo y llevarlo a casa. Mi suegro, norteño, no daba vueltas para nombrar los vacíos: se viene un mundo y un país sin posibilidades de utopías que nos harían mejores; los olivos, el árbol de Atenea, los símbolos de la cultura mediterránea, los viejos campesinos de las sierras, el teatro de Lorca, arar la tierra, serán borrados de la memoria.
A pesar de su bonhomía llegó a ser miembro de un sindicato, donde estudió leyes, Historia de México, las antesalas de la medicina en un libro de mil ochocientas páginas donde aprendió a curar dolores de angina, empachos, hasta asistió en la calle a una mujer embarazada para susurrarle al oído las rutas de la vida.
Me aceptó como otro miembro de la familia, como otro hijo, sin recelo y desconfianza. Como si nos conociéramos de años. Yo, prácticamente huérfano, su conversación era lo más cercana a tener un padre. No leía libros ni periódicos a gran velocidad, se detenía en lo que por deducción o análisis o disonancia ética le parecían las frases falsas, arengas a los gobiernos por periodistas sin escrúpulos. “Ah, gobierno corrupto y periodistas corruptos, esos gusanos corales de un país que se ha hecho imposible de vivir”, me decía para después contarme cómo sacó su Suburban atascada en la arena de una playa virgen en Sonora (una noche de las más oscuras que se haya visto) mientras su hija, hoy mi expareja, miraba las estrellas.
Mi suegro se acomodaba el sombrero y me sumaba a la deconstrucción de la genealogía del poder en México. Horas y horas platicando de eso que no pasaba ni cambiaba nada, era sólo una experiencia reveladora de otros libros y en consecuencia, su valor era amoroso y significativo sólo para nosotros. Y así amaba yo a su hija, me iba al trabajo, regresaba para ayudar en lo que restaba para hacer de la casa la gesta más grande de honor: protocolo, etiqueta y cortesía.
Mi exsuegro iba a las fiestas del sindicato para tomarse sus “bacachos” bien cargados. Una vez me atreví a pedirle una cuba y escupí el fuego del Bacardí al piso y la deshonra fue inmediata: me acercó un vaso de horchata.
Lo dejé de ver por el divorcio, esa ruptura humana, jurídica, social, cultural, a mar abierto un domingo por la tarde, cuando la tristeza es el helado que se derrite, se vence, cae al piso, lo lame un perrito y empieza a sonar la campana de la iglesia…
Mi exsuegro murió hoy. Lo supe porque mi exmujer me escribió un mail al correo “viejito”, que no borré como buen agricultor de las redes sociales (los que empezamos y descargar canciones nos llevaban días hacerlo) no porque la amara todavía sino por si algún día quisiera decirme algo, te extraño, por ejemplo. Fue, pues, leer el mail, un hecho fortuito, de suerte, broma del destino ¿tendrá la misma contraseña?
Una pena lo de mi exsuegro. Y una pena que ese domingo que salí a caminar hubo también ese medio maratón donde mujeres muy bonitas corrían en sentido contrario de mí, que decidido y dando media vuelta, me orienté hacia donde esas mujeres bonitas, sexis, con ojos bonitos además corrían hacia la meta. Tribales y sagradas, me hicieron tocar el cielo más alto, y caer y gatear como un niño feliz de estar feliz.
Pero todo ese momento, toda esa felicidad terminó cuando mi esposa, hoy exesposa, vio todo lo que les cuento parada en la orilla de la carretera, ya casi llegando al pueblo. Bien dice el dicho: nadie soporta la felicidad del otro.
Ah, lamento mucho lo de mi exsuegro. En pants descanse.
Luis Daniel Pulido

domingo, 21 de diciembre de 2025

LO QUE RESTA VA CON MI SENTIDO ARÁCNIDO


 

La primera batalla empieza al despertarme, en mi cuarto, ese espacio borroso que lame mis ojos, crías de gatos negros colgados a mis parpados; palpo algunos objetos, libros, papeles, unas llaves, unas monedas, los códigos herméticos de los ciegos hasta que, por fin, alcanzo los lentes. Hay un espejo y en él un recién nacido: gatea, dice sus primeras palabras, se reconoce. Un perro se tira a mis pies, en su panza un nido vacío, sin pájaros. Me visto y enciendo la linterna. Mi perro me guía y yo doy la vida para que nada le pase: tiro golpes a sombras, monstruos mecánicos, a los grises apagados de perros rabiosos, a los gritos –esos lirios en el estanque que se traga el horizonte y nada queda. No hay planeta ni tierra ni viento, sólo el leve sonido del parpadeo de quien busca aire limpio. Un pez cruza el cielo, boquea estrellas. Me tropiezo, caigo y me levanto. Y así empieza mi día. Mis días. Me preparo para otra pelea, doy pequeños saltos, estoy en un ring de nuevo…
Luis Daniel Pulido

domingo, 9 de noviembre de 2025

ESTOY AQUÍ PORQUE TODAVÍA NO ME DESAPARECES*


 


Tengo la puerta abierta donde vivo, con sol adentro
JUAN RAMÓN JÍMENEZ

La vecina cocina –las varias voces de los pescadores
desde su lancha fantasma dan el visto bueno:
huele riquísimo el pescado frito;
el mar es un enjambre brilloso,
un laberinto de hombres colgados,
el sol cegador del hambre
La vecina cocina –y en las ventanas
una banda de rock and roll,
la lengua viva de las protestas,
nosotros –los mismos,
esperando a nuestros muertos
en cocinas ajenas donde fríen pescado,
el río siberiano donde flotan
los cuerpos mutilados
La vecina cocina –y yo estoy herido,
huérfano, vacío, adormitado entre los escombros
de la tarde,
aplastado por la panza de mi perro,
las utopías que me arrojaron a la calle
A lo lejos un plato de vuelo titubeante
aterriza en la mesa con un pescado frito al centro
¿Y la ensalada? –pregunto
Objeto Volador No Identificado
Luis Daniel Pulido
*Tomado de una frase escrita en una cartulina en la marcha de hoy en CDMX contra el pacto crimen/política.

miércoles, 5 de noviembre de 2025

ARROJARSE SIN PARACAÍDAS AL VACÍO


 


Soy –busco la palabra correcta–
un excombatiente de los infiernos en sepia,
de esas fotos fijas donde todos sonríen:
violadores de niños muchos de ellos;
trabajo –filmes posteriores– para sobrevivir
y eso implica todo el día;
no hay tiempo para amar este país y su gravedad
que ata mis pies a sus fosas clandestinas,
a sus ciudadanos y su irrefrenable deseo
de cantar canciones de Julión Álvarez
Soy un hombre ocupado ensamblando
arneses, colocándole un ojo a un gatito
que nada sabe que su vida depende
del dinero y el yeso poroso de dioses sordos
y los repartos medievales
–un coro enorme de hombres
escondidos tras máscaras de maderas,
con sus lenguas rozando las comisuras de los abismos,
palabra a palabra, babeando…
Soy el hombre solitario en la boca
abierta del jabalí,
en su campana acústica que convoca
a fiestas interminables,
en el olor a sangre de los gritos
infinitos,
en sus ojos bien abiertos…
Un Black Hawk con hombres armados
sobrevuela mercados e iglesias
Y el gato muere en mis brazos
Luis Daniel Pulido

martes, 28 de octubre de 2025

PALOMITAS


 


Hoy hice palomitas –el tazón como referencia
literaria, vacío para llenar,
o aplastar la tiranía petrolera de un país:
el potrillo nacionalista con el puñal en el pecho,
palomitas como en los años 70,
receta de la abuela o la madre muerta
Es domingo –y contrario a los poetas serios
o académicos o con triglicéridos o epistémicos
y no como Fellini a cielo abierto,
yo sí regreso al corazón de la selva:
la NFL
Y luego, ya sé, los epítetos: capitalista,
pro estadounidense, smells like teen spirit
No hay cerveza ni cocacolas ni vino tinto
ni whisky –sí el bisonte americano avistando
la frontera canadiense,
un perro salvaje con sangre en los dientes
Y tu recuerdo –esa jovencita de diecisiete años
con la que me reía de las canciones
de Silvio Rodríguez,
del fin del siglo pasado,
porque –bendita ira de los dioses expulsados
de la escuela– nos revolcábamos con Slayer
hasta terminar exhaustos en el mismo sillón
donde el mundo y la gente no nos lastimaría
Hoy hice palomitas y hay un sinfín de canales
donde puedo ver los mismos juegos;
y tu corazón aún multiplica los panes
y en tu recuerdo volveré a ver
The Texas Chain Saw Massacre
Luis Daniel Pulido

domingo, 26 de octubre de 2025

PREGUNTAS DEL SÁBADO POR LA TARDE


 

¿Cómo se construye una persona buena? ¿En el lento avance del agua cuando cierro los ojos y sueño con eso; en una forma de vida moderada: un caracol bajo la lluvia, por ejemplo? ¿En y con Kierkegaard y su libro Los lirios del campo, las aves del cielo? ¿Rezando, orando? ¿O como hace unos años, solo, luchando, solo, contra la cocaína y los flashbacks que me ubicaban en una escuela con otros niños corriendo tras una pelota? ¿En la promesa –tan humana, por cierto, de no volver hacerlo? Y hacerlo. Y ver cómo ese mundo, tan ajeno, se desmoronaba. ¿En los perros y su dolorosa agonía por el abandono y la crueldad –ese despeñadero donde caemos todos? ¿En el juego diferido de la NFL cuando sólo había una tele? ¿En las manos de mi madre sobre mi rostro perdonándome todos mis pecados? ¿En las mismas manos de mi madre donde corrieron los galgos oscuros de la muerte tras la presa: un hombre que se devoraba a sí mismo? ¿En legítima defensa: exigiendo la ternura de los gatitos recién nacidos? Extraño ser el niño que fui apenas hace unos años.
Luis Daniel Pulido

domingo, 12 de octubre de 2025

CRÓNICA DE UN LARGO DÍA EN TUXTLA GUTIÉRREZ


 

He caminado bajo el sol
—el sistema bancario mordisquea dineros
de los operadores de un partido político,
un viejo expresidente se orina en los pasillos
de Palacio Nacional,
veo las palmas de mis manos,
veo un país que lee a László Krasznahorkai
(se pronuncia Crasnajorkai y está lejos,
muy lejos de la chiapanequidad)
He caminado bajo el sol
—fugitivo por accidente y porque no hablo húngaro
y porque la verdad no he leído al Premio Nobel,
por ahí una película que como quitarle el letrero
a una cantina nada recuerdo
Hice, en tiempo récord, la corrección de un libro
de un autor que se autonombra el escritor más cabrón
del mundo, un periodista –de tantos,
con su idea universal de chuparle la sangre
al sistema y engordar en dos meses
Afortunados ustedes que leen a László Krasznahorkai
(se pronuncia Crasnajorkai y está lejos,
muy lejos de la chiapanequidad)
y sabían que era el bueno un día antes,
en el bar cerca de la alberca,
a días de una feria del libro,
en el olor a Bacardí blanco
Qué insoportables son los que quieren
reinventar el fuego,
los ríos desbordados por la lluvia pertinaz
Yo alcanzo a ver las estatuas moái de la Isla de Pascua,
las mojarras en aceite que estarán para las dos de la tarde
Aguacate
Luis Daniel Pulido

domingo, 5 de octubre de 2025

SILUETAS EN EL PARQUE DE LA MARIMBA



 

Hace una semana recibí un mensaje,
decía “last night in Barcelona”,
pero yo estaba en la calle sin un peso,
paisajes cuánticos, quince kilos de diferencia
al joven que fui en las fotos que observo…
solo en una banca
Una mujer promete regresar de su largo viaje,
y yo restrinjo las mil herramientas para el suicidio
—una mujer saca la lengua frente a la cámara
de su celular y se toma una selfie,
un lince de fuego da un gran salto
al otro lado de la montaña
—maravilloso—
y yo creo ser Bruce Dickinson
Hace una semana perdía todo,
ya no pude sostener rascacielos de viejas películas,
escucho Mouht of War de Pantera en los reflejos
de los charcos que deja la lluvia,
en la carga del celular que se apaga,
estoy incomunicado
Encuentro un dátil que saco de la corriente
de agua
Vuelvo a nacer en tu cumpleaños
Luis Daniel Pulido

¿QUÉ LLEVAS EN TU MOCHILA? LA MISMA CAJITA DE SUEÑOS


 

Para Luisa y Héctor


De repente –como despertar en medio de un desierto,
el gato por liebre, un nuevo socavón en la Ciudad de México,
soy echado a la calle;
ya sin casa camino sin rumbo a buscar la ola más limpia
de la noche, un corazón generoso,
un gato o un perrito y sólo recuerdo una canción de Van Halen
It's got what it takes
So tell me why can't this be love?
Straight from my heart
Oh, tell me why can't this be love?

El hambre aprieta –se sabe,
y las cúpulas abandonadas de las parroquias,
la oscura serenidad de la piedra,
el aleteo de las palomas en su fulgor negro,
su plata en el trueno
Y como escribir no es un trabajo –piensa la gente,
pues se trata de mil formas de colgar una hamaca,
suponen que puedes cuidar a sus perros,
escribir un guion de radio con sólo cerrar los ojos,
pues uno no hace nada,
el encanto es como el fruto que cae a tu panza
Ya cansado, busco a un amigo
–el piso mojado con su laberinto de hojas
cede a unos pequeños pasos:
una bonita perrita brinca hacia mi pecho;
se llama “chiripa”, me dicen los dueños
Ya tengo un bonito lugar para dormir
Luis Daniel Pulido

jueves, 25 de septiembre de 2025

FIDDLE RIDDLE


 

Imagino –esa escala dórica de truenos en el cielo,
que tengo una máquina del tiempo,
que es 1978 y hay juegos de futbol en la tele,
países que son feudos de lodo y donde se reconoce
el balón aún en esas condiciones
Imagino que abren un vinilo nuevo
–el olor a queroseno es inevitable,
a bosque con osos hibernando;
Bob Dylan o Led Zeppelin o Frank Zappa,
La Revolución de Emiliano Zapata,
Genesis, Sergio Méndez, Joan Baez
son sobremesa, cónclave, religión,
invención de la literatura
Tengo un Mustang GT 68 y vamos a la playa,
–se viene la mejor persecución de autos
de todos los tiempos
Suena Radar Love y soy Ubaldo Matildo Fillol
Y tuve muchos hijos
Luis Daniel Pulido

domingo, 21 de septiembre de 2025

AZTECAS, EL CAMPEONÍSIMO EQUIPO DE FUTBOL DE SALÓN


 

El equipo ya tenía historia: un joven portero, Hugo Martínez Gómez, llamado cariñosamente “Coco”, lo hizo posible. Cansado de jugar con señores mayores que él, con riesgo al despojo (tenía los mejores guantes, los mejores uniformes), al vicio en turno, a la mala publicidad que dan los jugadores gordos, renuncia a la carta magna de todo el futbol llanero: jugar en Aztecas significaba compromiso de verdaderos hombres, puntuales y comprometidos. Así que abandona a esos tipos destinados al fracaso y propone a sus amigos de la escuela, del barrio, a ser parte de su idea: un dream team, su dream team. “Coco” se haría cargo de todos los gastos y, además, en su Renault 12, berlina indestructible, transportaría a todos o casi todos los jugadores al partido. Así logra reunir a la base de aquel equipo: Manolo y Mauricio, como defensas, y de delanteros, un par de jóvenes que dejaron una estela de hombres caídos, driblados, vencidos, un par de cracks: Enrique y Gil Valencia. ¿El portero? Un titularísimo e inamovible “Coco”. Como admiradores de su juego nos sumamos, mayores en edad y mañas, el contador Carlos y yo: Luis Daniel Pulido. No hubo problemas, el buen Hugo me cedió su puesto y fui el portero de esos muchachos, sanos, que no tomaban alcohol, y que me invitaron cajitas de Kentucky Friend Chicken después de un juego (platicábamos en las jardineras de la Ciudad Deportiva). Cada partido era una fiesta, imposible no querernos como compañeros y amigos. Aztecas –ese equipo de futbol de salón al que llegué para ver los goles increíbles de Quique y Gil en primera fila, de sentirme arropado por esos dos jóvenes defensas: Manolo y Mauricio, de respirar esa luz futbolera que saltaba de todas partes, lo llevo en el corazón y está tan presente, que pareciera no pasó hace treinta años. Apunte: las edades de ellos eran de entre 18 y 22 años. Yo tenía 26 y el contador Carlos, 35 años. Y esté último, queridísimo abuelo, nos dejó una de las postales que un muchacho de 18 años como Gil Valencia, no pudiera creer: que un hombre alternara de mujer en cada juego. “¡No mames! ¿Se puede hacer eso?”, preguntaba. Pues no, pero nuestro amigo sí. “Coco”, como nuestro presidente y director deportivo le pidió, de favor, que se divorciara de la más callada, que era la esposa bajo la ley, y se decantara por la más efusiva para celebrar nuestras victorias, que era, en rol y presencia, la novia. Y sí, era más linda y nos echaba porras y cuando alguien hacía un faul grosero a uno de nosotros, encaraba al malvado agresor… ¡Cochino, hijo de tu p…!”, sentenciaba al que ya presentaba síntomas de parálisis facial por escuchar esa verdad que resonaba hasta el Cañón del Sumidero.
Gracias, Aztecas, por la oportunidad de jugar con ustedes.
Luis Daniel Pulido