lunes, 16 de febrero de 2026

ESQUIADOR DE ESTILO LIBRE JAPONÉS


 

Este país será muchas cosas –una palmera al sol,
el giro inesperado del colibrí en la rama,
una activista que lo rebautiza como parte del “sur global”,
una marimba, un corredor gastronómico,
un narcoestado–
pero las viejas olas que vi de niño se orientan
a la recámara de mis padres muertos,
con el sol de frente toda la mañana,
escuchando a The Hellacopters
Y este país será una descarga en el cuello:
impedirá que celebre un gol en un viejo estadio de Escocia,
que sueñe con rubias desnudas y con el bisonte
que desafía la tormenta,
que vea fijamente su Historia:
unos cuetes en el cielo
y los salvoconductos al éxito en los códices
de la Nueva Escuela Mexicana
Este país será muchas cosas –el coyote en el desierto,
la vitalidad del niño que muerde la manzana,
las piernas abiertas de mi amante,
los faros podridos de todos los puertos–
pero ya estaré –como a los catorce, los veinte,
los cuarenta, los cincuenta y cinco años–
hundiéndome en el Wilhelm Gustloff
o comiendo un dulce de leche
bajo la panza de una mantarraya
Luis Daniel Pulido

lunes, 9 de febrero de 2026

YARDAS POR AIRE


 

Hoy haré lo que quiera, no ir a trabajar, por ejemplo,
no lavar la ropa, comer en la cama,
tirar a la basura mi ensayo sobre el artista más escuchado
de Spotify;
escribo, como Indiana Jones, en un pizarrón:
Late Canaliño Mescalitan Islands,
pocos entienden,
me rasco la barba, entrecierro los ojos,
me llevo una fila de costillas a la boca,
el barbiquiu es la sangre de los bárbaros,
la oración de los que beben cerveza
en los lugares más remotos de la Tierra,
al medio tiempo,
mientras un hombre gatea en lo que dicen
es una canción que devora las palabras
hasta quedar un babeo,
ningún misterio –collares de oro por todas partes,
yo vuelvo a Black Sabbath
Luis Daniel Pulido

domingo, 11 de enero de 2026

HASTA DÓNDE SOY LUIS DANIEL Y HASTA DÓNDE CARLOS EMILIO


 

Mi relación con la muerte sigue siendo la misma: estoy totalmente en contra de ella

Woody Allen

No tuve tiempo para defender la soberanía
de este país; el trabajo, los emplazamientos,
la del estómago y las judiciales,
me ubican en otro lugar: bajo las luces
de una fábrica, las mazmorras de un régimen
—porque eso es—
que se revuelca en todas las teorías de poder,
de socios que escupen cruzadas como los perros
orinan las calles,
que hacen de la tierra vuelta continua,
sin altos totales para ceder el paso
a la razón y atropellar tus derechos;
quise cantar el himno nacional para pasar desapercibido,
que no se me identifique como un traidor a la patria,
pero mi nombre aparece
en el Registro Estatal de Personas Desaparecidas;
mi nombre es Carlos Emilio, mi madre me busca,
y —caray— no pude marchar,
ser parte de esa enorme boca que escupe al cielo
lo siguiente: ¡por el principio irrenunciable
a que los pueblos deciden su propio destino!
No todas las hienas comen por hambre
Luis Daniel Pulido

jueves, 8 de enero de 2026

LA BALADA DE MICHAEL KISKE


 

La lista es larga, pero va para todos: para Gina (en Guadalajara), Héctor Cortés Mandujano, Gabriel Constantino, Jorge Aranda Tello, Mónica y Adriana Corzo, Miguel Carballo, Sonia Espinosa Corzo y Sofía Carballo, Gil Valencia. A los Chamulas Power.

LA BALADA DE MICHAEL KISKE

De lo único que puedo dar fe es de librar
el infierno de las drogas,
de estar vivo y echar raíces en un rayo de fuego,
hasta que ese grito apagado de los amigos
dejó de estar del otro lado de las llamas;
me zafé –aún con el corazón en el oeste
árido de un paro cardiaco–
para alcanzar un lugar en un equipo de futbol
Ciego y ya sin habilidades sociales
empecé a dar mis primeros pasos:
primero en una rehabilitación
–un par de piernas, como dos edificios viejos,
se vinieron abajo de golpe–
y después en reconocer los caminos
de regreso a casa,
ya con mi madre muerta,
ya sin patria ni islas ni tardes libres,
y ya solo, escribir poesía
De lo único que puedo dar fe
es de un niño con los ojos bien abiertos
en el poema homérico,
en la pelota y su inmenso naranja
que amenaza mi portería,
en la estrella fugaz que atraviesa el cielo,
en la mesa repleta de alimentos
y las conversaciones –largas como
las travesías de Odiseo–
de esos amigos que contaron mis atajadas
un sábado por la mañana
Doy gracias que con el sol los supervivientes
quieran alcanzar con sus manos el vuelo de las aves
Luis Daniel Pulido