Este país será muchas cosas –una palmera al sol,
el giro inesperado del colibrí en la rama,
una activista que lo rebautiza como parte del “sur global”,
una marimba, un corredor gastronómico,
un narcoestado–
pero las viejas olas que vi de niño se orientan
a la recámara de mis padres muertos,
con el sol de frente toda la mañana,
escuchando a The Hellacopters
Y este país será una descarga en el cuello:
impedirá que celebre un gol en un viejo estadio de Escocia,
que sueñe con rubias desnudas y con el bisonte
que desafía la tormenta,
que vea fijamente su Historia:
unos cuetes en el cielo
y los salvoconductos al éxito en los códices
de la Nueva Escuela Mexicana
Este país será muchas cosas –el coyote en el desierto,
la vitalidad del niño que muerde la manzana,
las piernas abiertas de mi amante,
los faros podridos de todos los puertos–
pero ya estaré –como a los catorce, los veinte,
los cuarenta, los cincuenta y cinco años–
hundiéndome en el Wilhelm Gustloff
o comiendo un dulce de leche
bajo la panza de una mantarraya
Luis Daniel Pulido

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