viernes, 12 de noviembre de 2010

NIÑO CARA PÁLIDA DECIRTE QUE TE AMA

Ilustración: Manuel Lariño



te ves linda con vestido –dije,
pero no quise que me vieras

me convertí en fantasma
cinco centímetros de tez blanca

una bolita de nieve
cuadriculado por una raqueta
de leche deslactosada
de niño tímido escondido
en la bañera

qué frío

sonríes y me derrito
soy lo que queda:
migajas de un bolillo
con crema

¡Oh, mis ojitos se cierran!

empiezan los fuegos artificiales

fiuuuuuuuu pum

fiuuuuuuuu pum

fiuuuuuuuu pum

lunes, 8 de noviembre de 2010

POSDATA: NECESITO UN SUÉTER*

Imagen: Norbi Baruch


A Ivonne Handall, que cuando éramos niños me pidió le grabara en un cassette el Defenders of the faith de Judas Priest, y con ello dejó de pensar que era un gallito de pelea


Viajaré a donde hay mucho frío. Pero antes de irme, escribiré un mensaje en el refrigerador, palabras amorosas con puertecitas para la niña que vino en avión desde Líbano porque allá había guerra.

Si ella quiere verme, leerá el mensaje y abrirá las puertecitas y yo la saludaré izando banderas parecidas a la de un país escandinavo, con mi barba roja y cantando “yo soy, yo soy el Dios del Trueno”, y no importa, ella me lo dijo, que lo haga con la pancita de fuera.

Las puertecitas se abren fácilmente y no dan tanta lata como la espada en la piedra. Así ella puede ver, cuando se prepare un sándwich o tome leche o muerda una manzana, a su explorador con ombligo de rayo epiléptico reconstruyendo su barquito apolillado.

Entonces cerraré las puertecitas, porque cuando tengo que pintar las tablitas más bajitas, mi pantalón no alcanza a taparme del todo lo que la espalda ya no carga.

Una vez terminado de reconstruir mi barco mitad delfín mitad marsopa, el mar parecerá la quinta avenida y le compraré un vestido fashion antiguerra.

Debo contarles que mi viaje es al frío porque el frío me obliga a hacer las cosas despacio, que es como quieren que haga las tareas encomendadas y no ande por ahí pisando flores, rompiendo cristales, gritando “yo sí le voy, le voy al pum pum pum pum pum” y arrancando cabelleras porque antes de ser el Dios del Trueno fui apache y les juro, no quiero sentirme culpable.

Por eso me voy a Groenlandia, y por eso llevo comiendo mole cinco días seguidos.

Pero, Ivonne ¿verdad que tú sí me quieres?

Luis Daniel Pulido

*Fragmento del libro autobiográfico Prohibido degollar patos

viernes, 5 de noviembre de 2010

EL MONSTRUO DEL FRENTE FRÍO NÚM. 28*

Imagen: Alyona (tomada de su Fotolog)


Qué duro es bañarse con agua fría. Con esa media sonrisa en los cristales como señal de que unos minutos antes mordió los dedos de algún niño que no hizo la tarea.

Y es que el frío expulsa con violencia la temperatura de nuestro cuerpo hacia las piezas dentarias del cristal empañado, y una vez en la bañera ni cómo esconderse de esa creatura que algunas personas dicen que es canadiense, pero yo digo que es discípulo de un iceberg.

Es el frío que se roba el alma y la pega como estampita en las ventanas, y te ve, sí, te ve si lloras cuando te bañas.


*Fragmento del libro autobiográfico Prohibido degollar patos

miércoles, 27 de octubre de 2010

LIANG CRISTI Y YO


La recuerdo muy bien porque hacíamos muchas cosas juntos, desde disfrazarnos de planetas que, dependiendo de la rotación de la Tierra, brillaban implacables en literas, hasta de guías que llevan a su pueblo a la gran misión histórica de comer cerezas cultivadas en Marte.

La recuerdo muy bien: su mamá (leer Pollito Card*) hacía las más ricas tortas de ídem sancochado, y sus vecinos –amantes de los deportes prehispánicos– llamaban a su equipo de fut Chamulas Pagüers (no confundir con los Powers Rangers).

La recuerdo muy bien, siempre bonita liderando la escolta o debates de la escuela, y que vivimos a unos pasos de la Alameda.

Recuerdo su viaje a la ONU para solucionar la crisis de alimentos, las vueltas a la esquina para darnos tres besos, las veces que subimos a árboles de eucalipto para darles recaditos de la buena suerte a estrellas fugaces.

Recuerdo el ¡yija! al montar bicicletas en cielos abiertos que jamás permitieron ser calles o avenidas, acaso una postal, una fotografía, el horizonte que nos reinventa.

Recuerdo sus ojos tristes, los ícarus de agua salada que resbalaban por sus mejillas, las redes que desde su mirada lanzaba para atrapar peces o los milimétricos compases de los mares europeos a donde viajábamos a cada rato.

Recuerdo que nos negamos a contener la respiración bajo las profundidades del océano que abría las ventanas, los cuadernos de notas que jamás pasamos en limpio y permanecen con rayados y tachaduras como si amarse nunca pasara de nuestra primera clase de esgrima.

Recuerdo que juntos vivimos los mejores años, y que por ello no la busco en historias de fantasmas, sino en los buzones de los libros que leímos ese año que una tormenta gigantesca se apareció bajo las almohadas y aprendimos a hacer el amor para protegernos, para reescribir –donde quiera que estemos– la versión definitiva de la historia.

Ayer, alguien dijo: Que Dios los bendiga.

Y así escribí esto.


Tuxtla Gutiérrez, Chiapas; México. Octubre 27, 2010


*Libro editado por la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas

martes, 26 de octubre de 2010

MADRE E HIJO (CANCIONES TRISTES DE DUBLÍN)


Quiero mucho a mi mamá. Por algo, ya sea certeros recortes en estos ojotes sin proyectos modernos de energía o simplemente por lo que dicen los doctores, no le alcanzo algunas cosas que pide: una buena película, un dedito que haga magia, el canto de los pajaritos en el patio.

En las mañanas corremos a ganar una plaza para vender polígonos de dulces, chilitos que te hacen brincar a 300 kilómetros por hora, almendras con sabores que de verdad son de avalancha.

En las tardes, los dos empezamos a perder la memoria.

Caminamos entre dos camas desvencijadas, la mesa donde coleccionamos postales de Nuestro México, un enorme barco de luces apagadas y el reloj que no funciona desde que conserva, para sí, su biblioteca de islas en un folleto para turistas que no vienen.

Olvidó que las playas, en esta casa, desde hace tiempo, nadie las visita.

No importa. Con las manos podemos reemplazar albas costeros por fuegos artificiales que al día siguiente, a la misma hora, nos levantan.

Mamá me pide pan con leche, o me lee un correo electrónico, de los que envían los lectores; también me pregunta si las monedas que juntamos alcanzan para comprarle un buen tinte, ya que en la ciudad donde vivimos se vino la gran epidemia de canas.

Me pone contento que reconozco el sonido de su bastón partiendo en dos el gran ataque aéreo de mosquitos y abejas en esa plaza donde vendemos dulces como madre e hijo.

Mañana, mamá, lo sé, volverán los buenos días.

Hoy duerme. No tengas miedo.

Papá ayudará a derrotarlos.

lunes, 25 de octubre de 2010

DOS NIÑOS BAJO LA SOMBRA DE UNA BABEL DE NUBES BLANCAS


Hoy les voy a contar una historia bien bonita,
de dos niños: él con las manos astilladas
por mantener –en pie– su casa de madera;
ella, con su huesito de nuez que también
llamaba “bunker”.

Ambos tenían pijamas azules,
señal de las buenas cosas de la vida
(la tía Jenny, de New Orleans, las compró
en oferta) esperaban la noche
como si ésta fuera el gran cuarto
de visitas.

A veces, descalzos, corrían
de una gran bestia marina,
de los días agónicos que deja
la guerra.

Él siempre adelante como el Gran Capitán
frente a mares de piedra blanca.
Ella, con los bordes de su falda,
ahuyentando a cuervos que salían
volando con un pedazo de costilla
roída por los perros vigilantes.

El miedo, sí (decir lo contrario
no es lo correcto)
se sentía.

Se compartían etiquetas adheribles
recortadas de raíces, también de medusas
petrificadas de alguna revista británica,
o de la parte de agua más caliente
de un hoyito que pisaban sus pies
en arenas que ya no eran blancas:
eran marcas de tanques,
jardines que nunca dieron flores.

Sin embargo, él y ella, con la ayuda
de satélites o Dioses, escribían
en los muros desgastados de las estaciones
el mismo deseo que puntualmente se cumple:
el de estar juntos y guardando el secreto
del porqué esta es una bonita historia:
Nunca tuvieron casa, pero sí un sofá
y un paraguas con los cuales siempre
se deseaban bonitos sueños.

Y así, de nuevo, empieza esta historia…

viernes, 22 de octubre de 2010

HISTORIA DE UN POEMA BREVE

Foto: El tapacholos
A Victoria M. por la transfusión de sangre que salvó la vida de Spider Man

El sábado leeré textos de una banda sonora
que va por la libre. Ojalá, el tiempo y la visión
particular del teatro, me permitan lo que quiero
hacer: hablar de las pequeñas cosas que son
parte del día, de la prótesis de fibra de carbono
que uso en los ojos a contraviento de los trayectos
en autos que conduzco y van a ninguna parte.

El sábado leeré para ti; prometo darle cuerda
a otras historias, parpadear –entre texto y texto–
enormes sombras de árboles que se deshojan
y desaparecen, poco a poco, en tu amor
por las naranjas de Castilla.

Vicky: No creo en los poemas hondos y profundos,
prefiero el polvo en las vitrinas, eso que me da la seguridad
de que algún día estuviste aquí.

LECTURA DE POEMAS-ROCK, EN LA PUERTA ABIERTA, EL SÁBADO 23 DE OCTUBRE, 2010.
CUARTA NORTE ORIENTE 542, TUXTLA GUTIÉRREZ; CHIAPAS
OCHO DE LA NOCHE

LUIS DANIEL PULIDO, CELEBRANDO LOS DOS AÑOS DEL POPOTITO 22