
Enamorarse es como detener
el automóvil en un lugar prohibido,
no es imaginar que abriremos con un poema
las puertas doradas del Hagia Sophia;
es arrojar los dados y poner miel a tus piernas,
morder y morir por la boca como el pez que jalas
del anzuelo hasta tu pecho;
es el Cessna que rompe mis costillas,
no la rayuela de barcos negros que brincas
en Santa Mónica; es el fuego cruzado
de un programa común que incluye la banda sonora
de avenidas amplias donde dos niños se declaran
la guerra
*Poema publicado en el libro Intencionalmente náufrago. Ed. Carámbura







