domingo, 11 de enero de 2026

HASTA DÓNDE SOY LUIS DANIEL Y HASTA DÓNDE CARLOS EMILIO


 

Mi relación con la muerte sigue siendo la misma: estoy totalmente en contra de ella

Woody Allen

No tuve tiempo para defender la soberanía
de este país; el trabajo, los emplazamientos,
la del estómago y las judiciales,
me ubican en otro lugar: bajo las luces
de una fábrica, las mazmorras de un régimen
—porque eso es—
que se revuelca en todas las teorías de poder,
de socios que escupen cruzadas como los perros
orinan las calles,
que hacen de la tierra vuelta continua,
sin altos totales para ceder el paso
a la razón y atropellar tus derechos;
quise cantar el himno nacional para pasar desapercibido,
que no se me identifique como un traidor a la patria,
pero mi nombre aparece
en el Registro Estatal de Personas Desaparecidas;
mi nombre es Carlos Emilio, mi madre me busca,
y —caray— no pude marchar,
ser parte de esa enorme boca que escupe al cielo
lo siguiente: ¡por el principio irrenunciable
a que los pueblos deciden su propio destino!
No todas las hienas comen por hambre
Luis Daniel Pulido

jueves, 8 de enero de 2026

LA BALADA DE MICHAEL KISKE


 

La lista es larga, pero va para todos: para Gina (en Guadalajara), Héctor Cortés Mandujano, Gabriel Constantino, Jorge Aranda Tello, Mónica y Adriana Corzo, Miguel Carballo, Sonia Espinosa Corzo y Sofía Carballo, Gil Valencia. A los Chamulas Power.

LA BALADA DE MICHAEL KISKE

De lo único que puedo dar fe es de librar
el infierno de las drogas,
de estar vivo y echar raíces en un rayo de fuego,
hasta que ese grito apagado de los amigos
dejó de estar del otro lado de las llamas;
me zafé –aún con el corazón en el oeste
árido de un paro cardiaco–
para alcanzar un lugar en un equipo de futbol
Ciego y ya sin habilidades sociales
empecé a dar mis primeros pasos:
primero en una rehabilitación
–un par de piernas, como dos edificios viejos,
se vinieron abajo de golpe–
y después en reconocer los caminos
de regreso a casa,
ya con mi madre muerta,
ya sin patria ni islas ni tardes libres,
y ya solo, escribir poesía
De lo único que puedo dar fe
es de un niño con los ojos bien abiertos
en el poema homérico,
en la pelota y su inmenso naranja
que amenaza mi portería,
en la estrella fugaz que atraviesa el cielo,
en la mesa repleta de alimentos
y las conversaciones –largas como
las travesías de Odiseo–
de esos amigos que contaron mis atajadas
un sábado por la mañana
Doy gracias que con el sol los supervivientes
quieran alcanzar con sus manos el vuelo de las aves
Luis Daniel Pulido