jueves, 24 de agosto de 2017

TIENES LA PALABRA, DOOM



No soy un hombre comprometido:
no tengo problemas de tiempo,
decepciono muy fácilmente
al mausoleo feisbukero
que te exige jugar con rapidez:
el clubecito de castillos de arena,
fichas de la verdad verdadera

No tengo quince libros publicados,
no tengo a disposición la mayor
cantidad de información posible
y sus contrapartes morales

No poso como el pájaro libertario
en el ojo del otro,
no llevo cámaras y micrófonos
hacia el animal que agoniza,
al cuarto de rezar de los desaparecidos,
a la zanahoria en el culo de los protagonistas

No soy –los tiempos así lo marcan–
un hombre con urgencias personales:
por acuñar cierta posibilidad histórica,
levantar el puño en el estacionamiento,
hablar por la humanidad completa,
adoptar la mejor posición reflexiva
todos los días del año

Escucho rock, leo algunos libros
y me pongo mis audífonos de autista
que me apartan del ruido

Y me siento

Igual te doy un puñetazo en la cara
y camino a ninguna parte

Luis Daniel Pulido

2 comentarios:

Deep Camboya dijo...

¡Jefe!

Suscribo, humildemente a mi manera (acaso "My Way"):

A los que faltaron a su palabra,
huyendo de la luz de la mañana,
cuando aún era de noche,
porque estaba todo dicho
y esperando por hacerse lo sagrado.

A los pies
del romántico que sigue hablando
tumbado en el cemento,
porque canta a una mujer
a la que quiso regresar
contando su derrota en verso
y la perdió.

Solo soy el torpe caminante
que sigue sin saber
a donde está la tropa que lo espera
y lo nombró su embajador.

Al hijo de los hijos de la guerra
que llevó todo a las dudas;
mejorando mi versión
al convertirme en todo aquello
a lo que temo…

Al chico que sortea bajo el sol
horas de fuego
que lo queman con llamados
a los mundos que inventó,
para que éste no acabara
como el loco de su hermano,
impactando contra un tren imaginario
su ternura.

A los jeques de debajo de los puentes
que no quieren propiedad occidental
ni maromas del futuro;
fuman, leen la prensa,
oyen la radio mientras toman su café
y pasan de mí como de todo.

A los sueños
que yo sueño penetrar y alucinarlos;
a ver si caigo entre tus labios
y sonríes mientras nado de mi piel
hasta tu lengua.

Al amigo que marchó
porque estaba todo lejos
y él quería conocer de cerca a dios,
para invitarle unas cervezas.

A los gordos emisarios
que al noroeste del país
ocuparon una esquina soberana
a donde no hay ley de inicio ni final;
a los que salieron a buscar donde no hay mapas,
para ir con el misterio
y la ilusión excepcional de cualquier día.

A los que me llevan
a seguir sin vacilar entre sus filas,
porque dueños de una patria,
la regalan
y qué viva el corazón
que está latiendo de preguntas.

Omar Alej.

luis daniel pulido dijo...

Querido Omar, ¡qué gran poema!Nosotros, los náufragos, los fugitivos. Eres grande, amigo.

Gracias por la compañía en este largo viaje

Un abrazo grande, grande