jueves, 29 de julio de 2010

BESSIE


En el amor no hay batallas perdidas,
quedan algunas tormentas de arena,
un alba kurdo sin bombas y sobresaltos,
apuntes para un descorche espumoso
antes del punto final de las negociaciones.

Es cierto: qué viejos están los actuales
Stones, las zonas urbanas que inspiraron
la gran manzana de la voz de Reed
y Dylan.

Tú eres joven. He visto cómo colocas
la lechuga al sándwich sin quitarte
los audífonos o conectas los universos
de tres estilos literarios diferentes
en una sola forma de bailar,
al untar el aderezo y chuparte
los dedos.

Eso es amor, me digo, y de esto
ya ocho largas semanas,
de focos rojos que ponen
en peligro el planeta,
de guerras que hemos
intentando solucionar
en una canchita de básquet
con canastas de “tres”.

Y es que para soñarte no hace falta
la organización administrativa de la NBA,
hace falta mantenerse dentro del top cinco
de tus poemas favoritos, luchar por la justicia
y reivindicarnos como los Transformes:
en las decisiones equivocadas.

Lo importante siempre será decirlo como tú,
estirando los pies y los brazos después
de tantas horas en el asiento de un avión
que da vueltas y vueltas al cielo de Tlaxcoapan.

En el amor no hay batallas perdidas,
hay flancos, mapas bélicos,
acuerdos de paz, un bar en el centro,
mi vieja playera de Motorhead.

*Inspirado en el video Ajuaaa de Bessi Cerón de su página http://todosepusocafe.blogspot.com/

martes, 27 de julio de 2010

JACK SPARROW

Bessie Cerón



Y el silencio, ese cortejo en papel pergamino donde se escriben palabras como quien templa los labios de una mujer después de comer chocolates, cae en relativa calma o abandono. Nada de ideas a volumen alto, ni un cerebro con celo poético que resuelva libertades. Sólo un pirata que estrecha entre sus manos el pan y la sal, mapamundis de agua clara y peces que le tiran a los patos.

Imposible, en estos casos, desarrollar teorías sobre el romanticismo, el neobarroco, la abstracción geométrica; si Carpaccio, Gauguin, el lapidárium o la Mata Hari. Sólo estos ojos descomunales que como monstruos indefensos caminan por las avenidas en busca del gran éxodo de pájaros: el vuelo con todo y flujo de diamantes, el haz de luz que se disuelve en el agua, el albatros que traza el cielo en mi pulgar derecho.

He aquí mi barquito de papel, el paso a paso contra la tormenta.

Entonces dar vueltas y vueltas como un oso polar mal herido a mil años luz del Ártico cristalino, pintarrajear cuadernos con ganas de hablar, decir punto y aparecer tortugas luminosas de melaza en cafés con leche a las seis de la tarde. O delfines que atraviesan el firmamento y dejan estelas cuyo sonido es similar al galope de los corceles. El sueño que se asoma a un hoyo como el niño que espía y ve las piernas de una mujer que huele a manzana en maderas de un barco noruego: la suave profundidad del Mediterráneo en un negligé que cae.

Y el barquito de papel con las banderas en alto tras abrirse el alba en las grietas de la luna de octubre. Un lobo con ojos atentos hacia el abismo de plata. El poema cubierto de hierro (tesón de puertos a ritmo de Ruby Tuesday) que se erige impenetrable como una colina de mariposas en boca de un perro rabioso: el aleteo que se mece en el aire entre arrecifes de luces y cometas fugaces de brujas o hadas.

Y el barquito de papel y los relámpagos pillando la ira del océano, el batir de alas contra las rocas, el ave que cae muerto en la playa cuando se apaga el trueno y no me queda nada y siento frío. Sólo mi perrito atragantado de calaveras en el patio del Perla Negra.

Amor mío, he aquí mi barquito de papel, mi bandera, un tatuaje que agita sus alas púrpuras y deja ver tu belleza: mujer, mar adentro, vida mía, tu nombre escondido en la arena.

lunes, 26 de julio de 2010

NUESTRA PEQUEÑA PATRIA


Es Tuxtla, no Estambul, le digo a Bessie que imagina conectar una máquina de oxígeno a una Cobra portátil para, si se requiere, emprender una avanzada más intensa hacia quien atente contra nuestras fronteras de cebollas, capirotadas y chinicuiles. Soñar que llegamos a una nueva casa donde lanzamos piedras a sus anchas, donde las ideas de libertad nos despiertan a las diez de la mañana. Volver a las calles, las mismas que llevamos sujetas a la espalda, que nos obligan a rentar un camioncito de fletes, checar si van completos muebles, dvd, floreros, libros, recuerdos, el refrigerador donde escribes frases; viajar con esa sensación de remar a pico de una cerveza bien fría antes de escribir “hogar, dulce hogar” y firmar el contrato de arrendamiento (nunca como el principio de algo, sino como el final de todo). Tapar con un dedo los semáforos, sacar la lengua (ese agregado cultural de los niños huérfanos) a los autos estacionados, cruzar de manos la placita de poetas y buscar a sus homicidas en las entrañas de los atunes en latas. Los peritos actuarán con base a la cruda de la fiesta de anoche.

¿Hacia dónde vamos?, nos preguntamos entre repertorios de subastas rurales, contrapartes en mapas con ofertas de flores de un día, salidas a Hong Kong gracias a los pequeños detalles de la fayuca, edificios que se orillan a la derecha y la imagen, eterna imagen, de dos niños abrazados por el frío.

Dentro de una burbuja de clorofila el sonido de la vieja camioneta, ese ferrocarril de hojalata destinado al trueque y al comercio donde en cada kilómetro recorrido vemos la destrucción de nuestras pequeñas propiedades: un fanzine, los juguetes de Ulises, el sabor a tequila de la terapia ocupacional, la sombra de un naranjo en un piercing, el verano con Marvel Comics. Y la alfombra roja de un cuento infantil de domingo por la mañana, el reloj forjando otoños para patriotas tras un carrito de hot dogs.

Ayer bibliografías que se transformaban en aeropuertos, hoy hacia una nueva casa ocultando gatos bajo la piel, armando rompecabezas de agua tibia para el turista japonés de tus pies descalzos.

Si el exilio no se fuera a las nubes en el mercado de rentas, quizá no llegáramos diezmados empuñando el vaho de los relámpagos y bebiendo de golpe una botella de whisky, único método de supervivencia valido para quien escribe poesía en traje de buzo y esconde su rostro en las manos de Bessie, orgulloso de salvar nuestra pequeña patria de tanto conductor asesino.

Acá casi no hay ciclistas. Qué lugar tan triste.

domingo, 25 de julio de 2010

ENTRE BUKOWSKY Y BART SIMPSON

Bob Esponja no es un anticonceptivo
Bart Simpson
Claudia está en Guadalajara. Estudia y cocina y me pone al tanto de sus actividades. Los vientos del norte no sólo inflaman banderas de una ciudad que no oscurece, levantan el velo de las luces y entreabren sus labios de césped húmedo para aspirar el canto del jilguero sedentario bajo el apremiante sonido de las campanas.

Tiene que aprender inglés, ocuparse de la novela histórica del diseño gráfico, aplastar un congal de mosquitos que no la dejan descansar y subsistir –con lo que tiene de ropa– el recamado perverso de la moda.

Extraña a su mamá, el borrador a lápiz de un niño que le chupa la sangre, las sombrillas veraniegas del horóscopo chino, el punto más lejano donde escapaba del tiempo por un agujero antes del jalón de orejas.

Pero hoy Claudia está en Guadalajara y ambos brincamos sobre los puentes colgantes de la larga distancia.

Ya habrá tiempo de apedrear murciélagos.

sábado, 24 de julio de 2010

LOS DIABLITOS QUE SOMOS

Bessie Cerón, mandando besos a sus fans




Algunas veces tu mamá y la mía coincidieron en que éramos angelitos. Sin embargo siempre hubo diferencias entre tú y yo: un rock, dos cuernitos rellenos de jamón y ese calorcito que derrite los helados cuando te llevo a caminar por el desierto de Bagdad.

A mí jamás me crecieron alas y a ti, cuando quise verlas, me mordiste con tantas ganas que arrasaste con todo, hasta con mi orgullo vikingo.

–Condenado diablito –me dijiste, para después abrazarme sorprendida de que los superhéroes a veces lloremos un poco.

¡Coro de dragones!

A veces, cincelado por una mano celestial,
El amor es esa estrella que ilumina París
Y festeja días de independencia y da ritmo
A tus caderas

El amor, constipado, dulce o de trincheras,
Crece, cumple años y nos hace temblar
Cha cha ch
a

Bonus Track:

Los puentes vacacionales, entendámoslo así, son accidentes del proyecto de país, una tiendita de dulces regionales, el reconocimiento territorial que da fe de playas y exquisitos catálogos de comida y cerveza.

En esos días definimos si de verdad nos gustan los tamales de elote bañados en rompope o en un acto de audacia –y no de ocurrencia– pedimos al mismo tiempo uno de cambray, por lo que la cocina chiapaneca es la única que nos hace comilones biplaza.

El sábado, por ejemplo, me enteré que mi mamá admira al extraordinario portero del Pachuca: Miguel Calero, y que el síndrome de mi desfasada edad emocional me descubriera ante los ojos de Ximena.

Y ahí estaba, con mi bandera de México, mirando al piso, bajo la lluvia, ya sin ningún caramelo, con el platito y los cubiertos de plástico vacíos sorteando la fuerza del viento.

Como si agregara dos aceitunas a un martini seco, Ximena me platicó de la antigua sabiduría china. Y mientras la gente cantaba el himno a Chiapas, en un lugar, en una cafetería, en una pequeña mesita, el niño que fui saqueaba los panes y peces que Ximena disfrazaba de monedas.

En los años 80, le decía a manera de que no me descubriera, coleccionaba cascos de los equipos de la NFL que conseguía en Danesa 33.

Cinco minutos después de esta confesión y entre estimaciones racionales y previsiones económicas, Ximena y yo subíamos a un barco pirata rumbo al Caribe. En casa mi mamá celebraba el primer gol del Pachuca.

Los puentes, los días de asueto, se terminan, pero yo aún no termino de repartir postales donde se lee “este es el cielo más azul de Chiapas”.

Para despistar a los malos todos creen que Ximena está en Zacatecas y yo en Tuxtla Gutiérrez.

En Pachuca el entrenador hace cambios de última hora y mi mamá me escribe una carta:

Querido hijo:

En los Cruceros hay suficiente calamar y langostinos para formar nietos. Espero no dejes en mal el nombre de tu padre, que era muy bueno. Besos.

jueves, 22 de julio de 2010

CUANDO LOS SUPERHÉROES DESPIERTAN TRISTES

Foto: Raúl Ortega


La memoria es una urbe, implica reconsideraciones de velocidad, conocimiento del peatón, contraseña del aliento donde cada página es la banca de un parque que abre sus puertas como tú abres los brazos.

Bajo la sombra de los edificios de esta memoria muchas veces tuvimos frío, pero aún así no paramos –nunca– de platicar y reírnos.

Y hago recuentos como invento señales, manita de puerco, cuernitos, aves.

Llegaron los amigos a la casa y la memoria me ajusta cuentas. El relámpago ilumina miles de rostros, parpadeo en zigzag y toda teoría sobre el origen del universo es un sobresalto, una lágrima, tú, otra vez, dándole palmaditas a mis manos para no robarme esas galletas que compras alrededor de las cinco de la tarde.

Cuando vuelvas te prometo ya no hacerlo, y no porque esté a dieta, sino porque te extraño. No olvides que juntos tenemos que derrotar al Duende Verde. Y tienes que ser fuerte.


BOTELLA AL MAR

Tuxtla Gutiérrez; Chiapas (un día cualquiera)

El periodismo en su condición de paquidermo prehistórico es tan intenso como intuitivo en su visión crítica, especie de embudo que garantiza recursos para familiares y amigos y se convierte en un monopolio de encabezados.

Tal libertad de prensa “representativa” es en realidad un esquema de poder compartido que evita la oposición y construye, a partir del control de la información, habitaciones íntimas para las “ideas”. El ejercicio por eso es intrigante y artero.

Cuando Juan Sabines junior, hijo, dijo “gobernaré con los medios”, consciente o inconscientemente autorizó las pequeñas, medianas o grandes empresas privadas que a lo largo de la historia del periodismo en Chiapas han hecho de la usura toda una cruzada por el folklor, el punzón, la unidad, la bonita familia.

Eso sí, el periodismo como todo proyecto retributivo, no pierde su valor patriótico y todos juran amar el terruño. Y eso contagia: vemos que todos los días no acaban de transferirse la estafeta de quién habla mejor o mal del rey chiquito, que de paso les ha devuelto la confianza, la vida misma.

Es el periodismo el más claro ejemplo del porqué somos el estado más pobre y atrasado, ya que desde ahí se atenta no sólo contra la integridad territorial (permitiendo la deforestación), también contra la dignidad (permitiendo ser subempleados).

Como buenos profesionales de la extorsión, la mayor ventaja competitiva es la de conservar sus empleos, su discurso, gracias a la unificación del “gremio”.

Tan dinosaurios unos como los otros.

miércoles, 21 de julio de 2010

¿Y LOS NIÑOS LAS PREFIEREN RUBIAS?

Hotel Chelsea, Manhattan, Nueva York. Foto: Nadia Villafuerte


Existe un portal que nos permite entrar –como espectadores– a los viejos campos donde nos preparábamos para hacer lo que sigue siendo la pregunta del millón ¿Quieres ser mi novia?

Para mí, un niño tímido, los terremotos del desamor eran de consecuencias impredecibles. A veces me consolaba sentado en la sala de un Banco estornudando por el aire acondicionado. Raro modo, quizá, pero efectivo por mi alergia, la cual me hacía regresar a casa apresurado porque el ejercito de mocos reclamaba mi condición de hombre libre y enamorado.

Ya en casa, mi mamá me daba de tomar un montón de medicinas al compás de tangos y marimbas. Carlos Gardel era un señor que con su voz lanzaba flores al corazón de mi madre. Ese es el amor en los adultos, pensaba, y no el barullo de mi corazón de niño.

Supongo que las cosas al paso de los años cambian y que las monedas que aventaba a las fuentes hoy suman depósitos bancarios, cheques de viajeros, recibos de hipotecas, sombras que caen sobre mis hombros.

De niño, sigo pensando dentro del mismo portal de recuerdos, alguien renuncia a ciertos derechos de la vida y no fui yo en este caso.

Papá había muerto y mamá me compraba muchos boletos para ir al cine, por lo que los sueños de esa época siguen siendo éxitos en las carteleras de mi vida.

Entiendo que los trasplantes de médula ósea fallen, así como las vacunas contra el cáncer, o que en un temporal de tristeza me quede ciego.

Lo que no entiendo es por qué en las estadísticas sobre muertes de niños no aparece la de “corazones rotos por niñas bonitas”.

Por eso entre estornudos y raspones, me pregunto ¿Y los niños las prefieren rubias?

martes, 20 de julio de 2010

VIKINGO A SOL Y SOMBRA


Fotos: Bessie Cerón

Uno construyo planetas cuando los ladrones te roban tu lugar de origen, la anforita de agua, la harina del pan, las palabras “mamá y papá”.

Uno construyo un hogar cuando aún nos queda algo de sabor a limonada en la boca.

Uno construye amigos, amistades, amores cuando te cierran la ronda de puertas y el perdón –más que una noche larga– es empacar ropa en la valija para nuevos exilios.

Uno construye un lugar para vivir cuando las agujetas de los zapatos se hacen nudos en la garganta.

Uno inventa planetas que echan por delante el mar y sus travesías. Por ejemplo, ayer, en la tarde-noche, estuvo lloviendo.

Y la lluvia, me dijo la abuela, es un espejo roto que cae a consecuencia de galaxias fragmentadas por el gran frío que los dioses nórdicos exhalan.

Yo cerré los ojos y abrí la boca para beber el origen de mis antepasados.

Fue así que me creció la barba.

lunes, 19 de julio de 2010

ANTES DE QUE TE VAYAS A DAR TUS CLASES DE CURSOS DE VERANO


Este texto lo escribí en el 2006. Hasta hoy se publica.


¿Qué tienen los guerrilleros contra la moda?
Patrick “Kitten” Braden



Decidir qué película ver entre dos es un acto simbólico de respeto y cariño, una especie de democracia a cuerpo suelto, algo como “lo que tú digas está bien siempre y cuando me compres palomitas, cacahuates y pistaches”. Para ella el género, conforme avanza en lecturas, talleres y diplomados, hace de la elección un juego de atracciones temáticas respecto a tanto libro, tanto currículo. Entre Nacho Libre y Desayuno a Plutón la diferencia es mi afición a perder el tiempo, a ver mujeres desnudas, a no hacérmela de tos, a dejarme llevar como las hojas al viento, a convertirme en el eco de lo que alguna vez pensé era una gran película: Dos bribones tras la esmeralda perdida.
Los años nos remiten a fines y medios, y los medios matan los fines, es decir, mujer que paga manda. Vimos Desayuno en Plutón de Neil Jordan, y si bien no hay mujeres bellísimas como Nicole Kidman, no faltó el sentido del humor, el soundtrack poca madre, la contracción religiosa y la vocación plenamente irlandesa de que todo rebelde tiene derecho a escribir su historia de amor (recordemos Juego de Lágrimas).
En este caso, la homosexualidad del personaje Patrick “Kitten” Braden, nos permite ver lo que significa restaurar la vida a partir del amor, sólo el amor, nada más que el amor.
Agradezco a Diana el boleto, las botanitas, las sodas, los helados, y por llevarme a ver esta película para superar mi homofobia. Ya veremos –le digo– nada más mándale un mail a Neil Jordan explicándole que Plutón ya no es un planeta, sino una pinche roquita que brilla.
Pero, sin embargo, después de la película (y discúlpame por esto mi vida) me cae que te veo más buena. A ver cuando abres un taller de... de... de...¡bikinis! Yo pongo la alberca.

viernes, 16 de julio de 2010

CON EL MAR EN LA MANO


A Bessie Cerón, que me lleva al baile (de letras)


Me levanto muy temprano, espanto
con un ¡bu! a los murciélagos
del reloj de arena.

Dibujo una cruz de mantequilla
y maple a mi espíritu valiente
que se sostiene con alfileres
de hot cakes y algunos etcéteras.

Ayer Bessie se trepó a mi sonrisa
y no era yo, era un enorme Tigre
dientes de sable.

Bessie y yo –amigos desde que
los bidunitas nos ataron los pies
con peces que se le caen los botones
de la boca– nos levantamos muy
temprano para no volver a caer
en la trampa.

Ambos respingamos la nariz
contra el cristal del Universo.
Somos compañeros de trabajo,
de ver la vida con snorkels.

Nadie puede culpar a dos niños
de ponerse a salvo.

jueves, 15 de julio de 2010

LOS DRAGONES LO CONFIRMAN

Foto: Bessie Cerón

Querida Bessie:

Ayer mi novia se fue con otro. Me dejó. Su explicación –esquina a la izquierda, segundo piso– fue que yo no sé nada de política. Pero qué importa la política, me dije, si nadie tiene una chamarra de piel estampada con el logotipo de Metallica como la mía. Qué importa. Para qué construir una casa presidencial que un día cualquiera hará pedazos un coche bomba.

Al menos su nuevo novio tuviera un nombre bonito, uno que lo emparentara con la gran familia del arte y no con los perritos gays de la reina Sofía. Ya sabes, esos perritos peluditos y chiquitos que una tarde de lluvia pueden transformarse en delicadas gaviotas. Y esto no lo digo porque sienta celos, es la verdad. Pinches perritos gays.

Además, no creas que pertenece a un grupo sin igual de escritores, el muchacho con nombre de muñeco de feria, es perredista. Igual da que fuera de cualquier partido, pero un perredista “joven” es como definir el “glamour” de los Moderatto, los tianguis con vestidos de Yuri, Amanda Miguel o Paquita la del barrio. Por favor.

No es que me exceda, la vida sigue y nada me impresiona. Les deseo lo mejor, no exento de pena, porque como dice mi mamá “nombre es destino”, y con el de su nuevo novio, la acuña que aprieta, tiene cara de paleta payaso.

Qué bonito es llamarse Luis Daniel

¡Coro de dragones!

Es Luis Daniel amigo fiel,
el más cabrón, número uno
de tooodooo el Muuundooo

Es Luis Daniel amigo fiel,
el más cabrón, número uno
de tooodooo el Muuundooo

Es Luis Daniel amigo fiel,
el más cabrón, número uno
de tooodooo el Muuundooo

Muy bien. Ya los escuchó. Métanse a su cajita.

lunes, 12 de julio de 2010

APUNTES DE MAR Y ARENA


Foto: Bessie Cerón

Soy un hombre común,
un hombre que particularmente
no busca nacionalismos a la medida,
tampoco ser héroe de amores póstumos,
un mal sueño hecho de embargos bancarios
en el siglo de oro del narcotráfico.

Por ejemplo: el cenicero puede ser
un país en guerra sobre el pequeño
mueble italiano y nadie –ni yo mismo–
garantiza la paz con el propósito de animar
a las colillas a ser mejores colillas.

La historia tiene cara de serpiente,
es traidora en los más hondos infortunios,
gestora de un himno lindo, pequeña sala
de armas que reúne a todos los libertadores
de este país con la antipática diplomacia
de los héroes de la nación.

Soy un hombre común,
tengo un corazón fiscal y tirano,
no doy palmaditas ni digo “enhorabuena”;
tengo un par de ojos descomunales
y cuando puedo me largo a la playa
a caminar sobre un riel de cocos.

Al día siguiente –te doy mi palabra–
el mar no circulará en monedas falsificadas,
ni será motivo para construir nuevas teorías
sobre el homo sapiens descalzo de rifle
y pasamontaña.

Ambos compartiremos Kirstenboschs
de cocaína, nuestro propio jardincito
de sangre, paquidermos de arena,
la furia del oleaje.

Boca del Cielo, Chiapas; México




viernes, 9 de julio de 2010

PIRATAS DE DUBLÍN A LA MEDIANOCHE

Bessie Cerón

A Bessie Cerón, por su lucha de compartir sueños donde todos cabemos


Gracias a ti puedo llegar a casa
sin ser el tirano de lo que pienso:
poner los pies sobre la flota de naves
espaciales que jamás quisimos intercambiar
por habitaciones para hombres comunes,
faunos de arena que en costas irlandesas
se agruparon en cuentos de terror
y fueron destruidos por bazookas
de una tormenta de cuatro tripulantes
con playeras de calaveras.

Gracias a ti me acuerdo de los viajes a la Luna,
de asegurar el suministro eléctrico a los compases
del reloj que no da la hora sino papel picado
para tus vivas y confetis, jaque mates y cascanueces,
máquina de dulces: remedios de todos los males.

Gracias a ti sé que las luchas sociales no se tratan
de aparatosas verdades, de trámites gravosos
para mantener la nómina de una capital cultural;
se trata de que los interesados aprendamos a bailar
hasta caer con el corazón acribillado por una hilera
de flores. Yo lo hago por Bessie; tú, busca en otra parte.

Gracias a ti entiendo el porqué del ramito
de catarinas disecadas sobre mi disco
de Mark Knopfler: seguimos tomados
de la mano desde que vimos juntos
La Maldición del Perla Negra.

¡Guao!


miércoles, 7 de julio de 2010

CAPÍTULO DOS


La niña me ve asomarme en una de las torres del palacio. Ella no cierra su libro y con ello me demuestra que sabe de expediciones: a qué horas la calma, a qué horas el peligro.

Escucho cuando los peces de la ortografía se dejan arrastrar por el agua, señal que su mirada está alerta y despejada. En una biblioteca, sin embargo, no existe el silencio absoluto y la niña se distrae.

Con pasos rápidos –de dos milisegundos y medio– cruzo un mapa lleno de anotaciones. Algo dice, no lo entiendo, parece otro idioma, sí, el idioma de las niñas tristes.

La niña esconde su corazón dentro de una latita de tomates (ahí el índice de accidentes es mínimo).

Yo me deslizo tímidamente, pero los arlequines pintados en la punta de los dedos de las manos de la niña me toman de la colita y me suben a lo más alto del estante.

–Mañana te enseñaré a amarrarte las agujetas y a ser un mejor espía –me dice exactamente frente al aeropuerto de dragones con playeras del Toluca

¡Coro de dragones!

Yo sí le voy, le voy al pum pum pum pum pum pum pum pum pum

Yo sí le voy, le voy al pum pum pum pum pum pum pum pum pum

Yo sí le voy, le voy al pum pum pum pum pum pum pum pum pum

Yo sí le voy, le voy al pum pum pum pum pum pum pum pum pum

martes, 6 de julio de 2010

NADA PARTÍCULAR

Foto: Bessie Cerón

A mi amiga Nadia Villafuerte, compañera de mis batallas que no tienen dibujitos


Los martes me levanto muy temprano; entre tantas cosas
qué hacer, la más importante, es la de rescatar palomas
atrapadas en el banco de arena, pasar mi mano en el agua
del tanque construido especialmente para los días de lluvia,
sentir cómo las hojas –en su temperatura– se pegan a mis dedos
con sus pequeñas cuencas glaciares en espera de tener suerte
y ver a un grupo de pingüinos con siete duplicados de llaves
con destino a Canadá.

Los martes me levanto muy temprano; deposito flores
en el cementerio de peces y para que nadie intervenga
en las políticas monetarias de mi pequeña economía,
apago los celulares mientras mi dedo índice y medio
marchan como soldados en las raíces de los árboles.

Los martes cuando el reloj marca las seis de la mañana
he pensado suicidarme: es dramática la supervisión
de mis errores, el ojo de dios que mira la fiesta tras
la lente de las mujeres que amé y no me permite
que haga agujeros en el tiempo, en la tierra roja
de Melbourne, en lugares remotos que se acercan
a mi frente en la lucecita de una bala que por enésima
vez no me da en la cabeza y desastilla los muebles,
los armarios, los seiscientos gramos de una letra
que también es una ciudad costera cuando fumo
y leo y no espero nada.

jueves, 1 de julio de 2010

HE MAN LE TIRA LA ONDA A BESSIE CERÓN


Bessie Cerón

–Viajarás al futuro por dos días –me dices
tras una discusión con los editores de arte.

No terminaste de hacer las maletas;
eres, desde que la tristeza te reserva
las habitaciones principales, la niña
que se moja bajo la interminable gotera
de la única constelación que no ha caído
en la trampa de poetas y congresistas
y advierte –en las líneas de tus manos–
que el próximo festival de cine lo celebrarás
en aviones: muy cerquita del cielo y sin puntos
para hacer conexiones a los hechos narrados en la Tierra.

Que te secuestraron los bidunitas, insistes;
y no me preocupo porque esos tipos no son
célebres asesinos seriales, son centro y referencia:
si no vuelves en dos días iré por ti a las cimas nevadas
de esa galaxia lejana que en mangas de camisa deja
escuchar la voz enojada de tu abuelo.

Me dices en tu cartita de proyectos
que nada se gestiona como negocio:
ni los átomos alterados de la materia
ni esos botones rojos para abortar misiones
ni los taquitos de chinicuiles que tanto te gustan,
eres la muchacha bonita que trabaja las 24 horas
del día como si el arte fuera filmar películas
de acción en las selvas de Sudamérica.

Yo te aplaudo diez minutos de pie
y noto que hasta los cipreses se inclinan
cuando caminas.

Espero verte en dos días;
te llevaré malvaviscos y flores.