jueves, 19 de enero de 2012

CAPITULO UNO



Robert Plant y Audrey Hamilton


Conocí una niña. Tiene ojos muy bonitos. Se pone de puntas para sacar libros del estante, y su falda –como el paso lento de los barquitos en el agua– se alza para mostrar dos centímetros de piel, más de lo que a un caballero se le está permitido ver.

Yo soy un caballero, tengo armadura y pancita, una estufa destartalada que no es un monótono caballo, sino el fuego necesario para que el plop plop plop plop de las palomitas extra mantequilla hagan bailar a los dragones cuando tienen fiesta.

Me encantaría invitarla, pero a ella sólo le importa leer su libro, trazar con sus dedos explanadas de sueños y silencios, ese temblor que produce el mar contra las manos cuando se navega en la oscuridad y sin lámparas.

Yo me acerco, no mucho, y dibujo un par de botes salvavidas para casos de emergencia.

Algo la aflige, algo la aterra, y yo como ratoncito experto en el tocinito crujiente, busco el extremo de la hebra.

Frente a ella y su libro me quito el sombrero, hago la reverencia y le doy mi palabra: Te voy a proteger de los hombres malos.

Pero antes: ¿Me enseñas a amarrarme las agujetas?

Luis Daniel Pulido





5 comentarios:

ana claudia dijo...

Qué tierno eres Luis Daniel

Besos

Karen Kawakabu dijo...

You say
One love
One life
When it's one need
In the night
It's one love
We get to share it
It leaves you baby
If you don't care for it

Te quiero!!!

marianatrenz dijo...

Te adorooooooo, Chincho!!!!

Mil besos!

LoLiTa dijo...

Eres un caballero, un gran caballero

Besos, cariño

Bonitos sueños, siempre

Alonso Vargas dijo...

Muy bueno, mi estimado y excelente, hay que ser de esos caballeros y no malos. Saludos y éxito.

Es un gusto leer tus publicaciones.