
Puede ser
–accidente del tiempo,
embarcaciones comunes,
parques que esperan–
que descargamos de golpe
palabras sobre la mesa
a cambio de un poco de dinero
Y no importa sean estos sueños,
espíritu de grupo, los colores de la tierra,
un frente democrático, Unamuno o Firehouse
(Nike o mi playera del Manchester
quemada en un ataque de ansiedad)
De nada sirve sujetar a dos manos
el corazón sin pertenecer a una pandilla
de estafadores
Dormir en otra cama,
erigir templos en otras caderas
y pensarnos cuando llueve,
en el olor a madera de un banco
de niebla
Porque no se trata de poesía,
sino de juntar para un refrigerador
y llenarlo de cerveza
De comprar un boleto directo a Akumal
y sobrevolar el más hondo de los arrecifes
y ser este animal en celo que en las llanuras
áridas de tus tatuajes se inventa tormentas
mientras tú me sonríes y guías mis dedos
a la arena mojada
*Título tomado de una canción de Los Perros Celestes