sábado, 24 de julio de 2010

LOS DIABLITOS QUE SOMOS

Bessie Cerón, mandando besos a sus fans




Algunas veces tu mamá y la mía coincidieron en que éramos angelitos. Sin embargo siempre hubo diferencias entre tú y yo: un rock, dos cuernitos rellenos de jamón y ese calorcito que derrite los helados cuando te llevo a caminar por el desierto de Bagdad.

A mí jamás me crecieron alas y a ti, cuando quise verlas, me mordiste con tantas ganas que arrasaste con todo, hasta con mi orgullo vikingo.

–Condenado diablito –me dijiste, para después abrazarme sorprendida de que los superhéroes a veces lloremos un poco.

¡Coro de dragones!

A veces, cincelado por una mano celestial,
El amor es esa estrella que ilumina París
Y festeja días de independencia y da ritmo
A tus caderas

El amor, constipado, dulce o de trincheras,
Crece, cumple años y nos hace temblar
Cha cha ch
a

Bonus Track:

Los puentes vacacionales, entendámoslo así, son accidentes del proyecto de país, una tiendita de dulces regionales, el reconocimiento territorial que da fe de playas y exquisitos catálogos de comida y cerveza.

En esos días definimos si de verdad nos gustan los tamales de elote bañados en rompope o en un acto de audacia –y no de ocurrencia– pedimos al mismo tiempo uno de cambray, por lo que la cocina chiapaneca es la única que nos hace comilones biplaza.

El sábado, por ejemplo, me enteré que mi mamá admira al extraordinario portero del Pachuca: Miguel Calero, y que el síndrome de mi desfasada edad emocional me descubriera ante los ojos de Ximena.

Y ahí estaba, con mi bandera de México, mirando al piso, bajo la lluvia, ya sin ningún caramelo, con el platito y los cubiertos de plástico vacíos sorteando la fuerza del viento.

Como si agregara dos aceitunas a un martini seco, Ximena me platicó de la antigua sabiduría china. Y mientras la gente cantaba el himno a Chiapas, en un lugar, en una cafetería, en una pequeña mesita, el niño que fui saqueaba los panes y peces que Ximena disfrazaba de monedas.

En los años 80, le decía a manera de que no me descubriera, coleccionaba cascos de los equipos de la NFL que conseguía en Danesa 33.

Cinco minutos después de esta confesión y entre estimaciones racionales y previsiones económicas, Ximena y yo subíamos a un barco pirata rumbo al Caribe. En casa mi mamá celebraba el primer gol del Pachuca.

Los puentes, los días de asueto, se terminan, pero yo aún no termino de repartir postales donde se lee “este es el cielo más azul de Chiapas”.

Para despistar a los malos todos creen que Ximena está en Zacatecas y yo en Tuxtla Gutiérrez.

En Pachuca el entrenador hace cambios de última hora y mi mamá me escribe una carta:

Querido hijo:

En los Cruceros hay suficiente calamar y langostinos para formar nietos. Espero no dejes en mal el nombre de tu padre, que era muy bueno. Besos.

3 comentarios:

marina dijo...

JAJAJA LAS ALITAS SALEN EN LA ESPALDA, NO EN LOS PECHOS, DIABLITO,JAJAJA

BESOS

marianatrenz dijo...

Esos dragones son encantadores (como el que dirige el coro,ja)

Besos

luis daniel pulido dijo...

Marina:

Tarde he descubierto el enigma, ja

Besos

Mariana:

Esos dragones también saben kung fu, para lo que se ofrezca, ya sabes que por acá uno tiene que andar bien chicho

Besos